Universidad Nacional de General Sarmiento - Instituto del Desarrollo Humano

05 de Abril de 2010 | 7 ′ 30 ′′




El estado actual de la crisis económica, sus particularidades y los impactos que genera a nivel mundial y, en particular, en la Argentina, son algunos de los temas que aborda el economista Ricardo Aronskind, investigador docente de la UNGS, en entrevista con InfoUniversidades. “La crisis mundial está evolucionando y tomando otras modalidades”, afirma Aronskind.

En esta entrevista, el investigador de la UNGS explica el significado de la expresión “crisis económica mundial”, analiza su evolución y las transformaciones que genera a nivel mundial, comenta los objetivos del Programa interdisciplinario de seguimiento de la evolución y los impactos de la crisis del orden económico mundial (Pisco) de la UNGS, que él mismo coordina, y destaca la obligación de la universidad pública de dar respuesta a los problemas de la sociedad.

-En estos días, la crisis económica global no aparece en la agenda de los medios ¿se debe a que la crisis ya pasó?

-La crisis no pasó. Tenemos dos problemas: la crisis y los medios. En cuanto a la crisis, la masiva intervención pública evitó una catástrofe potencialmente enorme, pero trasladó los problemas hacia los Estados de los países centrales, que serán los que muestren dificultades próximamente. El alto desempleo, la caída salarial, las tensiones laborales serán importantes en el epicentro de la crisis. Las tentaciones proteccionistas no hacen más que crecer. Habrá conflictos en torno a las monedas y el comercio internacional. Es decir: la crisis está evolucionando y tomando otras modalidades. En cuanto a los medios: están revelando cada vez más su solidaridad con los grandes intereses y su baja vocación crítica. Aparte del sensacionalismo: que un banco caiga es noticia trascendente, 600.000 desempleados más, no lo es.

-¿Qué significa “crisis económica mundial”?

-Esta expresión sólo trata de ilustrar la extensión de una quiebra en el orden económico global que imperaba en las últimas décadas. Este temblor abarca a buena parte del planeta, por sus efectos directos e indirectos. Hay países que han sido epicentro, otros conectados con los primeros que recibieron el impacto, otros endeudados que no consiguen crédito o tienen que ir a morir al FMI. Por diversas vías, lo ocurrido en Estados Unidos tiene repercusión, con distinta intensidad, en todo el mundo.

-¿A través de qué vías se trasmiten las crisis económicas?

-Las vías son múltiples. La caída de la demanda, y por lo tanto de las exportaciones y los precios internacionales, el corte del crédito a consumidores y empresas, el pánico de inversores que buscan refugio en otros mercados, las expectativas catastróficas de quienes tienen recursos para invertir y prefieren comprar papeles, oro, etc. En Argentina, por ejemplo, una parte considerable de la crisis es explicable por el comportamiento ultra-defensivo de los sectores del empresariado.

-¿Cuál es el estado actual de la crisis económica mundial?

-Se frenó el desmoronamiento financiero y entonces los financistas están presionando para que no se regule el sistema que llevó a esta crisis. En forma adicional, volvieron a repartirse sumas increíbles entre los directivos de los grandes bancos, como si nada hubiera pasado. El G-20 no parece tener una política muy clara, salvo haber dado recursos al Fondo Monetario Internacional (FMI) para sostener a países periféricos con alto riesgo de insolvencia. No se sabe cómo reemplazar a Estados Unidos como gran demandante internacional de mercancías, que por un tiempo no podrá continuar comprando bienes a todo el mundo, a cambio de imprimir dólares que están cada vez más cuestionados.

-¿Qué transformaciones generó la crisis en el sistema económico mundial?

-Todavía no hay grandes transformaciones: no se han eliminado los “paraísos fiscales” donde van a parar masas enormes de capitales que no quieren pagar impuestos. No se modificó el porcentaje de representación en el FMI, para dar algo de lugar a economías ya grandes, como China. No apareció una regulación universal para contener los grandes movimientos especulativos, que tanto desestabilizaron a las economías en las últimas décadas. Ni qué hablar de la posibilidad de una redistribución global, que dé poder adquisitivo real a la gente y reduzca los exorbitantes ingresos de los sectores más adinerados. Esa redistribución sería útil para reactivar, al tiempo que dotaría de una mayor equidad a la economía mundial.

-¿Cómo impacta la crisis internacional a la Argentina?

-Una parte del impacto es el comportamiento de muchos actores con tradiciones especulativas y alarmistas. Hubo impacto vía precios de las exportaciones y vía algunos mercados externos cuya demanda mermó. Empezaron los despidos en forma local y el gobierno empezó a subsidiar puestos de trabajo. Creo que en la actualidad subsidia 115.000 empleos, para no entrar en esa dinámica enloquecida de los despidos que llevan a más despidos. En el último tiempo se han disipado las ideas catastróficas y empezó una ola de compra de acciones y títulos locales. Lamentablemente, esos estados de ánimo volátiles, muchas veces sin fundamento, impactan sobre el crédito y el consumo locales.

-¿Esta crisis es comparable con algún otro temblor económico previo? ¿Es más grave porque estalló en EEUU?

-Se la compara con la crisis del ‘29, con la de 1987 en Estados Unidos, con la de 2000 también en ese país. Todas ellas fueron burbujas financieras que estallaron y causaron daños de distinta magnitud. Me parece que ésta tiene un potencial distinto, que es el de cambiar la posición de Estados Unidos en el sistema mundial, reduciendo -al menos por un tiempo- su influencia masiva. Desde una mirada local, nuestras crisis fueron graves, sobre todo las que se produjeron como herencia de la dictadura militar: la hiperinflación de 1989 y luego el final catastrófico de la convertibilidad en 2001-2002. Pero, por ser un país pequeño en el aspecto económico, esas crisis sólo incidieron de manera marginal en el mundo. En cambio, Estados Unidos tiene impacto universal, por ser el centro del sistema. Insisto, para nosotros hubo momentos muchísimo peores.

-¿Por qué decidieron crear Pisco?

-Porque teníamos los recursos humanos, las inquietudes intelectuales y porque creemos que la universidad pública tiene la obligación de dar respuestas de la más diversa índole a los problemas de su sociedad. La relevancia de lo que ocurrió nos empujó a emprender esta experiencia, que sirve para recopilar información, reflexionar y crear una mirada desde la Argentina.

-¿Pisco hace historia en tiempo real?

-Pisco enfrenta el desafío de desbrozar una montaña descomunal de información, distinguiendo lo superfluo de lo significativo, lo sensacionalista de lo relevante y la mirada del establishment internacional de una visión crítica desde el punto de vista de las personas y no de las empresas. Seguro que lo que estamos viendo pasar todos los días delante nuestro es -y será- historia, y somos concientes de que intentar cualquier pronóstico sobre hacia dónde va la crisis es muy arriesgado. Pero debemos decir que varias caracterizaciones que ensayamos se mostraron sólidas y sobrevivieron a los caprichosos estados de ánimo de los analistas que siguen exclusivamente al mercado.


Marcela Bello


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