Universidad Nacional de Rosario - Facultad de Ciencias Médicas

20 de Abril de 2009 |




En una investigación de la UNR sobre la relación entre el uso de bebidas alcohólicas y el rendimiento académico de estudiantes del área salud, el 72% de los alumnos afirmó tomar preferentemente cerveza y vino. En los casos de ingesta nociva se pudo comprobar un bajo desempeño en las carreras. En algunos casos, durante las cursadas aparecían como principales problemáticas la falta de atención, ausencia y tardanzas, hasta quedarse dormidos en las aulas.

El objetivo de la investigación “Consumo de bebidas alcohólicas y su relación con el desempeño académico de estudiantes universitarios del área salud” es caracterizar el uso de estas bebidas en estudiantes de las carreras Licenciatura en Enfermería, Fonoaudiología y Medicina de la UNR, Licenciatura en Enfermería, Obstetricia y Educación para la Salud de la Universidad de Santiago del Estero, y relacionar el patrón de uso con el desempeño académico de los estudiantes.

El estudio se basa en el supuesto de que el consumo puede aumentar la probabilidad de que los estudiantes hagan un uso problemático del alcohol, lo que podría llegar a interferir en su actividad. Durante el período de formación académica, el abuso podría retrasar su egreso o precipitar el abandono de la carrera.

Se utilizó como instrumento un cuestionario auto administrado que tiene dos partes: una revela datos sociodemográficos y del desempeño académico de los estudiantes, y la otra, el test para identificación de problemas relacionados con el uso de bebidas alcohólicas (Audit), desarrollado por la Organización Mundial para la Salud como método simple de identificación del consumo excesivo de alcohol.

“Hay que diferenciar entre uso, abuso y dependencia”, explica a InfoUniversidades la directora del proyecto, Marta Ballistreri. La palabra “uso” se refiere a cualquier ingesta de alcohol. Si es de bajo riesgo significa que respeta las orientaciones médicas y legales y no termina en problemas. El término “abuso” se refiere a cualquier nivel de riesgo, desde aquel con consecuencias peligrosas, tanto para el que lo usa como para los que lo rodean, hasta el uso perjudicial o nocivo que resulta en daño físico mental para la salud de la persona, así como consecuencias a nivel social (daños a otras personas, lesiones, peleas, grescas).

La dependencia alcohólica conlleva un deseo muy fuerte a consumir la bebida, asociado a dificultades en controlar su uso, a pesar de las consecuencias negativas; asignar prioridad al acto de beber sobre otras actividades y obligaciones, aumento de la tolerancia al alcohol y presencia de abstinencia fisiológica cuando el uso del alcohol es interrumpido.

En relación al consumo de bebidas alcohólicas, el 72% de los estudiantes afirmaron hacerlo y el 28% declararon no consumir. Entre las bebidas preferidas están la cerveza (54%) y el vino (52%) y “llama la atención que sólo el 9% declara consumir mezclas, teniendo en cuenta los datos aportados por diferentes investigaciones en torno al uso de energizantes en jóvenes”, expresa la psicóloga Alejandra Ballerini. De los estudiantes que consumían bebidas alcohólicas se encontró que el 93% realizaban consumo de bajo riesgo o abstinente, el 3% un consumo de riesgo, otro 3% un consumo nocivo o perjudicial, y un 0,82% un uso dependiente.

Las estadísticas

El grupo de estudiantes que realizaba un consumo de riesgo cursó en el último año entre 1 a 7 materias, pero regularizaron y aprobaron en promedio 3. En tanto los que realizaban un consumo perjudicial o nocivo cursaron entre 1 a 5 materias, en promedio regularizaron la mitad de las asignaturas cursadas, rindieron todas las regularizadas pero sólo aprobaron la cuarta parte. Y en cuanto a los estudiantes con probable dependencia a las bebidas alcohólicas, cursaron dos asignaturas, rindieron sólo una y no aprobaron ninguna. “Las consecuencias de un consumo de riesgo nocivo o dependiente pueden extenderse a no realizar las actividades que les insume cada materia, faltar a clase, mostrar bajo rendimiento en los exámenes finales, e incluso desaprobarlos”, expresan las investigadoras.

Diversos estudios internacionales encontraron que jóvenes que hacían abuso muchas veces no cumplían sus obligaciones académicas y también que el riesgo de reprobar materias era mayor entre los alumnos con uso abusivo de alcohol que entre los que consumían con bajo riesgo, y que durante el cursado de las materias podían aparecer falta de atención, ausencia, tardanzas o quedarse dormidos en las aulas.


Victoria Arrabal


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