Universidad Nacional de Quilmes - Departamento de Ciencia y Tecnología

02 de Noviembre de 2020 | 7 ′ 14 ′′


La serología, una herramienta clave para combatir la pandemia



En entrevista con Argentina Investiga, el docente investigador de la Universidad Nacional de Quilmes Alejandro Castello relata por qué estudiar los anticuerpos de diferentes pacientes resulta fundamental.

La pandemia por COVID-19, quizás como ningún otro evento hasta el momento en la historia moderna, ha congregado a los científicos y las científicas de diferentes disciplinas a trabajar en conjunto y articular esfuerzos. A los expertos en virus, que en una primera etapa revelaron cómo el Sars CoV-2 infectaba células humanas –a partir de una proteína muy particular bautizada Spike (“S”)–, se sumaron las contribuciones de los especialistas en inmunología. Pues, si el patógeno causa tantas muertes a nivel global, es clave –al menos hasta que haya vacuna– conocer cómo combatirlo a partir de las propias defensas.

Entre ambas líneas se desplaza Alejandro Castello, docente investigador en el Laboratorio de Inmunología y Virología de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). En entrevista con Argentina Investiga, describe cuáles son los trabajos relacionados con serología y anticuerpos que coordina desde la Universidad, explica cómo funcionan y cuáles son las potencialidades de los test serológicos y, además, revela el modo en que los desarrollos autóctonos podrían llegar a buen puerto en poco tiempo.

-Además del procesamiento de muestras y del desarrollo del kit propio Ela-Chemstrip, la UNQ proyecta el diseño de test serológicos…
–Sí, en la Universidad existe un grupo que se encuentra detrás de ese objetivo junto con especialistas de otras casas de estudio, como la Universidad Nacional de José C. Paz y el INTA. Nuestro aporte, desde la UNQ, se concentra en la expresión de las proteínas como eslabón fundamental para el desarrollo de los test serológicos. Trabajamos de manera lateral en este diseño porque muchos de los investigadores e investigadoras, o bien están con el diagnóstico de muestras que llegan a la Plataforma de Servicios Biotecnológicos (PSB), o bien están resguardados en sus casas aportando desde allí. Hay que recordar que la serología se vincula con los estudios en suero –de ahí la denominación que reciben los test– y la localización de los anticuerpos que se desarrollan después del COVID-19. Se los rastrea porque son indicadores de la enfermedad y emergen como respuesta inmune frente a una infección. Creemos que es fundamental su estudio porque puede arrojarnos pistas muy interesantes.

–De ahí la investigación que usted realiza desde la Universidad.
–Como tengo una historia como bioquímico tradicional y un recorrido en serología se me ocurrió pensar en dos proyectos, uno con base en el Hospital El Cruce (Florencio Varela) y otro desde la UNQ. Busco estudiar la historia natural de la producción de los anticuerpos contra el coronavirus. La ventaja con la que cuento es que puedo disponer de muestras de pacientes muy severos (que provienen del hospital), asintomáticos (del centro ambulatorio de la Universidad) y con síntomas más marcados (con tratamiento domiciliario, o ubicados en salas periféricas de la zona). Esto configura un rango extendido de severidades que estamos tratando de aprovechar como material clínico para realizar los estudios serológicos comparados. El factor importante que contribuyó para la realización de la investigación es que el gobierno provincial le donó a Gabriel Iglesias –docente e investigador de la casa– los kits de CovidAR.

–¿Los desarrollados por el laboratorio del Instituto Leloir al mando de Andrea Gamarnik?
–Sí, esos mismos. Constituyen una muy buena herramienta que nos vino muy bien para realizar el trabajo que nos propusimos. Hasta ahora hemos coleccionado 180 muestras de pacientes severos y 130 más que corresponden a moderados y asintomáticos. Ni bien iniciamos el estudio empezamos a advertir algunas cosas que vale la pena destacar.

–¿Por ejemplo?
–Hay 69 sueros que corresponden a personal de la UNQ, tanto de la Planta de Servicios Biotecnológicos, como de personas que trabajan en portería, limpieza y extensión, entre otros rubros. De ese total sólo cinco dieron positivo y tenemos la seguridad de que ninguno se infectó en la Universidad. No hay ningún indicio de que hayamos tenido diseminación interna en algún momento. Hay dos personas de extensión y una de maestranza, por ejemplo, que según manifiestan pueden haberse contagiado en el transporte público; otra que no estaba trabajando en las instalaciones cuando se infectó; y, por último, dos individuos más que se infectaron como contactos estrechos de familiares y seres queridos enfermos que les tocaba cuidar y atender.

–El dato que hallaron es sencillo pero muy revelador. Indica que en la UNQ, quienes están poniendo el cuerpo, realmente se están cuidando muy bien.
–Sí, claro. Es una muy buena noticia. Nosotros nos concentramos en unos anticuerpos muy específicos, los “IgG”, que dan positivo entre los 5 y los 14 días tras la infección. Aún llevamos pocos meses de trabajo con los test serológicos y con la enfermedad, así que todavía queda mucho por descubrir, pero vamos advirtiendo lógicas muy claras. Existe una diferencia muy marcada entre el nivel de anticuerpos que generan los pacientes leves y moderados, respecto de los que cursaron la enfermedad de una forma más severa.

–¿Diferencia en qué sentido?
–Aquellos que pasaron por terapia intensiva producen muchos más anticuerpos. Esta premisa ya había sido más o menos descripta previamente y lo comprobamos por nuestra cuenta. Ahora lo que estamos siguiendo de cerca es cómo evolucionan en el tiempo, es decir, cómo suben y cómo bajan las defensas. Comparar las buenas y las malas evoluciones nos brinda muchos datos valiosos. Un aspecto peculiar del coronavirus es que los anticuerpos se negativizan relativamente rápido.

–¿Qué significa?
–Que existe una declinación de anticuerpos temprana, al poco tiempo disminuyen de manera considerable.

–¿Esto habilitaría la posibilidad para la reinfección?
–No necesariamente, porque además de los anticuerpos están los linfocitos T. Estos, según creemos, podrían quedar como memoria inmunológica en nuestros organismos y funcionar como sistema de defensa a largo plazo, quizás podrían protegernos de la reinfección para toda la vida. Son células “ayudadoras” que, en concreto, hacen que las segundas infecciones sean asintomáticas o más leves. Eso dice la bibliografía clásica de nuestras disciplinas, de la virología y de la inmunología; es cierto que nos queda recopilar muchísima más información de este patógeno en particular. En eso estamos, a partir de los estudios serológicos.
–Son fundamentales para saber quién ha sido infectado en el pasado.
–Por eso comenzaremos a brindarlo como servicio a diferentes instituciones, ya sea educativas, deportivas, o de cualquier rubro en verdad. En el presente, ofrecemos el hisopado ya que es posible que un empresario, por ejemplo, pueda pedirlo para sus empleados. De hecho, con el club Quilmes ya estamos trabajando. A corto plazo, confiamos en que estaremos listos para ofrecer serología. Ya habrá noticias.

Leticia Spinelli
prensa@unq.edu.ar
Dirección de Prensa y Comunicación Institucional


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