Universidad Nacional del Litoral - Facultad de Ingeniería Química

02 de Diciembre de 2013 | 4 ′ 24 ′′


Mal de Chagas: trabajan en un sensor de silicio para su diagnóstico



Se trata de una alternativa en la que trabaja un equipo de investigadores que aprovecha las propiedades ópticas de un novedoso material: el silicio poroso nanoestructurado. Se aspira a diseñar un dispositivo más simple, económico y de respuesta inmediata en relación a las técnicas tradicionales, para detectar el Mal de Chagas, la enfermedad parasitaria más importante en América latina.

Primero diseñaron un sensor y ahora, los investigadores de la Universidad Nacional del Litoral y el Conicet trabajan en utilizarlo como técnica de diagnóstico para el Mal de Chagas. Se trata de un dispositivo que aprovecha las propiedades ópticas de un material novedoso y biocompatible: el silicio poroso nanoestructurado.

El biosensor en estudio, se plantea como un método alternativo que podría resultar más económico y rápido, a diferencia de las tradicionales técnicas de microscopía con fotoluminiscencia. “La primera parte del trabajo fue desarrollar un sensor que sea susceptible a la presencia de algún agente químico. Ahora, estudiamos la cinética de la incorporación de las proteínas al silicio”, explicó a Argentina Investiga Roberto Arce, investigador del Instituto para el Desarrollo de la Industria Química (INTEC), dependiente de la Universidad y el Conicet.

Un sensor es un dispositivo capaz de detectar una magnitud de carácter físico o químico. Es común su uso para alertar de la presencia de algunas sustancias químicas que poseen un riesgo potencial. Cuando lo que se detecta es un producto de origen biológico, se denomina biosensor.

Para detectar

Utilizar un material cerámico como el silicio para descubrir la presencia de un parásito es posible gracias a las propiedades ópticas del primero. Los investigadores miden cuánta luz transmite el sensor, es decir, su transmitancia óptica. “Trabajamos sobre el silicio poroso. Si uno hace este material sumamente delgado -con espesores del orden de los micrones- la luz lo atraviesa de una forma particular y deja pasar algunos colores (longitudes de onda) y otros no. A esto se lo denomina espectro de transmitancia”, detalló Arce, quien además se desempeña como docente de la facultad de Ingeniería química de la Universidad.

Es posible medir el espectro de transmitancia de un silicio poroso preparado bajo ciertas condiciones. “Cuando uno incorpora algún medio extraño, por ejemplo, la proteína que se utiliza para identificar los anticuerpos, cambia el espectro de transmitancia del sensor por razones relacionadas con las propiedades ópticas de los materiales”, detalló Arce.

Las modificaciones que se producen en el espectro pueden ser identificadas con un espectrómetro, que es un instrumento para la medición de este comportamiento óptico. “De este modo podemos detectar qué es lo que está ocurriendo”, afirmó el especialista y agregó que al material se le incorporan determinadas proteínas que le dan especificidad al sensor. Luego, gracias a un sistema de bombeo, se ingresa al biosensor una solución que contiene la muestra a analizar. En caso de haber anticuerpos específicos para el Mal de Chagas, éstos se adhieren a las proteínas y quedan retenidos en el dispositivo. Esto cambia el índice de refracción. “Al cambiar el índice de refracción del medio, combinado con el sistema del silicio poroso, se produce el efecto que uno busca, el movimiento del espectro”, sintetizó.

En desarrollo

El trabajo en relación con el silicio poroso nanoestructurado lleva más de siete años de trayectoria, bajo la dirección de Roberto Koropecki. “Comenzamos aprendiendo cuáles deben ser las condiciones bajo las cuales debe atacarse el silicio, el mismo que se utiliza para producir celdas fotovoltaicas, de manera de obtener silicio con la porosidad adecuada”, relató Arce.

El paso siguiente de los investigadores fue trabajar en la combinación de los ataques, de manera de inducir espectros que son fácilmente medibles. Por último, se obtuvo una patente sobre el desarrollo del sensor propiamente dicho. Los autores fueron Leandro Acquaroli, Raúl Urteaga y Roberto Koropecki. En la actualidad, el trabajo orientado al diagnóstico del Mal de Chagas surge por una colaboración de la biotecnóloga Verónica González, y forma parte de la tesis de doctorado de la biotecnóloga Liliana Lasave.


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