Universidad Nacional del Litoral - Facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas

03 de Agosto de 2009 |


Parásitos: con la temperatura aumenta el riesgo



Tanto la humedad como el calor generan las condiciones ideales para que los parásitos se desarrollen. Estos organismos habitan en carnes, frutas, verduras e incluso en el agua, y generalmente se transmiten en forma oral. Su ciclo biológico termina la maduración en los órganos humanos, generando diversos daños que pueden llegar hasta provocar la muerte. Entre otras precauciones, para evitar este tipo de afecciones es importante la higiene luego de usar el baño y antes de ingerir alimentos, la eliminación de las excretas a través de un buen sistema cloacal o, en su defecto, el tratamiento de las heces con cal.

La aparición de enfermedades y afecciones vinculadas a los parásitos, si bien están presentes durante todo el año, predominan en época estival y la prevención es un camino para evitarlas. “El consumo de alimentos con elementos infectantes es una de las mayores causas de la transmisión de parasitosis. Los parásitos tienen diferentes ciclos de vida o biológicos: en su mayoría, el ciclo comienza por la ingesta del elemento infectante (un huevo o un quiste) que generalmente se transmite en forma oral al beber agua contaminada con heces de personas parasitadas, al lavar verdura con agua infectada o al estar contaminada el agua de recreación de una piscina o un lago, por ejemplo, pero también a través de los alimentos”, indicó a InfoUniversidades Pedro Sarsotti Falcón, docente e investigador de la Universidad Nacional del Litoral (UNL).

“La prevención es muy importante para cortar el ciclo biológico. El hombre ingiere el elemento infectante, que llega generalmente al intestino desarrollando la forma adulta y allí libera los elementos que propagarán la enfermedad”, afirmó. En este sentido, sostuvo que hay alimentos como el berro, vegetal acuático que por lo común se ingiere en ensaladas, y que presenta adheridos en el revés de su hoja las metacercarias: formas infectantes de Fasciola hepática, un parásito cuya particularidad es que su hábitat son la vías por las que circula la bilis -conductos biliares-, lo que ocasiona graves daños hepáticos. Al comer ese vegetal, el elemento infectante se libera en el intestino para luego perforar sus paredes e ir al hígado. Cuando llega allí finalmente madura y se aloja en los canalículos o capilares biliares produciendo una acción mecánica de obstrucción, por lo que el paciente presenta un color amarillento como si padeciese una hepatitis viral. Es un parásito que produce muchas toxinas que irritan el hígado e inhabilitan su funcionamiento.

Pero además hay otros parásitos como las Tenias, que producen quistes en la carne vacuna o la de cerdo, que luego son consumidas por el ser humano y llegan al estadio adulto en su cuerpo: “La famosa lombriz solitaria o Tenia saginata puede medir más de diez metros, ocupa lugar ocasionando alteraciones funcionales, pero además consume los nutrientes del hombre. La mayoría de los parásitos se presentan de a miles, pero la Tenia saginata vive sola y es excepcional que haya más de una. Por su parte, la Tenia solium, parásito que porta el cerdo, es un poco más chica, pero puede llegar a medir seis metros”, añadió Sarsotti.

Casos graves

Existen diferentes variedades de parásitos y cada una produce distintas afecciones. Un ejemplo es la Giardia lamblia, parásitos microscópicos muy comunes en los niños, que tienen ventosas con las que se adhieren al intestino y prácticamente lo tapizan. De este modo el órgano no puede hacer su trabajo de absorción, también consumen nutrientes y producen una reacción irritante que provoca diarreas y llevan al chico a la desnutrición.

Hay parásitos que producen lesiones graves que pueden desencadenar la muerte. Un caso es el del Dioctofima renale, que llega al ser humano a través de la ingesta de peces o ranas. Al comer la carne poco cocida de esos animales, el parásito se libera en el intestino, lo atraviesa y va al riñón. Allí alcanza su desarrollo máximo, tomando la forma de un gusano de color rojo intenso que se alimenta del tejido renal. “Puede llegar a medir hasta un metro y su particularidad es que al estar en el riñón sus huevos se liberan por la orina, a diferencia de otros que se liberan por materia fecal. Este es un aspecto a tomar en cuenta, ya que algunas colectividades tienen entre sus hábitos culturales la preparación de comidas basadas en pescado crudo. También es común que ese parásito aparezca en los perros que pueden diseminarlo en las plantas al orinar”, relató.

Comida segura

Lo conveniente al ingerir carnes es una adecuada cocción. El especialista aseveró que “no hay que confiarse en el salado o en el limón que se le agrega frecuentemente a las carnes crudas, tampoco el congelado es seguro, ya que hay muchos parásitos que pueden sobrevivir al frío”.

Muchas veces las personas no se dan cuenta de que al comer una hamburguesa se puede producir la transmisión de parásitos. El hecho de ir a un comedor también es riesgoso, ya que puede no tener un buen aislamiento de los baños y la cocina, y esto posibilita que las moscas se trasladen a través de las aberturas de ventilación desde la materia fecal portando bacterias hacia los alimentos y viceversa. “Se debe tener mucho cuidado porque por ejemplo si un grupo de 20 personas pide una parrillada con ensalada, es difícil que el personal se tome dos horas para limpiar toda la verdura como se debe”, graficó.

También la precaución debe estar puesta en el consumo de carnes sin cocer, hábitos que son propios de algunas colectividades. Hay gente que poco a poco comienza a comer la carne más cruda y eso es un problema no sólo por los parásitos, sino también por las bacterias.

Muy importante es la higiene de las manos luego de usar el baño y antes de ingerir alimentos, el lavado de las frutas y las verduras, la eliminación de las excretas a través de un buen sistema cloacal o, en su defecto, el tratamiento de las heces con cal o el uso de baños químicos.


Priscila Fernández - priscilaf@unl.edu.ar


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