Plaguicidas: “Las condiciones de aplicación son inseguras”

Universidad Nacional de General Sarmiento - Instituto de Ciencias

24 de Noviembre de 2008 |


Plaguicidas: “Las condiciones de aplicación son inseguras”


A través de un trabajo de campo en huertas del Gran Buenos Aires, un equipo de la UNGS mide el impacto de los productos fitosanitarios sobre los trabajadores rurales. Desde el equipo de investigación aspiran a que con la información generada se logren cambios regulatorios.

En las huertas donde se cosechan las frutas y verduras que consumimos se utilizan fungicidas, herbicidas e insecticidas. Estos artículos fitosanitarios pueden afectar tanto la producción, la tierra y el agua como a las personas que los utilizan.
“En este momento, nuestro estudio se centra sobre el trabajador. Si el trabajador puede tomar conciencia de los riesgos potenciales y de la buena utilización de los productos, también mejoraría el impacto sobre los otros aspectos”, asegura Javier Montserrat, investigador docente a cargo del proyecto.

Las huertas del municipio de Moreno fueron las elegidas para realizar el trabajo de campo, “porque tienen una población laboral que se encuentra en mayores condiciones de riesgo”, destaca Montserrat. En Moreno hay cerca de 300 productores hortícolas, la mayoría ubicados en la zona de Cuartel V. Cosechan maíz, lechuga, brócoli, espinaca, tomate y frutilla, entre otros cultivos.
El equipo estudió una propiedad llamada Exposición Dérmica Potencial (EDP), que indica cuánto producto fitosanitario queda sobre la ropa o sobre la piel del trabajador después de una jornada laboral. Esto, además de otros parámetros, permite saber si el plaguicida aplicado en esas condiciones de uso es seguro o no. “Para los más inofensivos, como la deltametrina, que incluso es de uso doméstico, el margen de seguridad es relativamente razonable. Pero, si pensamos qué pasaría con productos más tóxicos, la verdad es que las condiciones de aplicación son bastante inseguras”, afirma el director del proyecto.

La exposición de la piel también está determinada por otros factores, como la altura del cultivo. Por ejemplo, si se está aplicando el producto a una plantación de maíz, el trabajador tiene que mover la punta de la lanza de la mochila de arriba hacia abajo y termina con pesticida desde la capucha a los pies. En cambio, en cultivos como la lechuga o el brócoli, la contaminación es, en general, en medidas más bajas.
Otro de los factores es la experiencia de los trabajadores. Según las investigaciones, los más entrenados tienen un nivel de exposición más bajo, porque han sufrido alguna intoxicación y suelen cuidarse más. “En algunas huertas hicimos demostraciones con colorantes para que ellos vean cómo quedan manchados -explica Montserrat. Como lo que aplican es incoloro y parece agua, no les genera sensación de riesgo. En general, a ellos les cuesta analizar el riesgo con la información toxicológica que puede tener la botella del pesticida, así que el entrenamiento y la educación son muy importantes”.

Para realizar las mediciones en las huertas, los científicos usan productos menos tóxicos y siguen normas de seguridad que incluyen determinados trajes, anteojos y guantes para los trabajadores. Aunque en la jornada laboral éstos sólo cuenten con botas como única forma de protección, Montserrat asegura que la no utilización de todos los elementos es un problema complejo: “Por un lado, hay un componente educativo muy importante en cuanto a la compresión del riesgo y, por otro, un componente de regulación. Ninguna autoridad va al campo a ver si los trabajadores aplican los pesticidas con las medidas de seguridad correspondientes, ni siquiera lo hacen los propios dueños de la producción”.

Desde el equipo de investigación, conformado también por Anita Zalts, Enrique Hughes, Pamela Flores, Gisela Querejeta y Laura Ramos, aspiran a que con la información generada se logren cambios regulatorios, que los parámetros de seguridad sean comprendidos y se incorporen en los procesos de registro comercial de los productos fitosanitarios: “Probablemente, en la medida en que se genere información y logremos ir tomando más conciencia del riesgo laboral en el que están muchos de estos trabajadores, el problema podrá encararse desde distintas perspectivas”.
Entre los próximos pasos se encuentra la realización de mediciones en el cinturón frutihortícola de La Plata y el estudio del impacto de estos productos en otro de los aspectos del sistema productivo: la tierra.

Comunicación
prensa@ungs.edu.ar
Marcela Bello
Comunicación y Prensa UNGS


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