“Antes de Sarmiento se enseñaba ciencia en la Universidad”

Universidad Nacional de Córdoba - Centro de Estudios Avanzados

29 de Octubre de 2012 | 5 ′ 33 ′′


“Antes de Sarmiento se enseñaba ciencia en la Universidad”


Lo aclara Lewis Pyenson, reconocido historiador de la ciencia, quien contradice así la creencia arraigada en el imaginario popular de que Sarmiento, creador de la Academia Nacional de Ciencias y el Observatorio Astronómico de Córdoba, fue también el precursor de la enseñanza de disciplinas científicas en la Casa de Trejo. A partir de la investigación que lleva adelante, el investigador estableció que el nivel de la formación en física y matemática era el mismo que el de las universidades norteamericanas en 1850.

“Antes de la reorganización impulsada durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento se enseñaba física y astronomía en la Universidad de Córdoba, por lo que no toda la educación se abocaba al Derecho como históricamente se creyó”, afirma a Argentina Investiga el historiador de la ciencia y docente de la Universidad de Michigan Occidental (Estados Unidos) Lewis Pyenson, quien colabora con un libro sobre los 400 años de historia de la Universidad.

Esta aseveración confronta con la creencia de que la enseñanza de disciplinas científicas no se incorporó en la Universidad de Córdoba sino hasta la llegada de Sarmiento a la Presidencia de la Nación y su iniciativa de crear el Observatorio Astronómico y la Academia Nacional de Ciencias.

Pyenson llegó a esta conclusión luego de consultar los archivos históricos de la Universidad Nacional de Córdoba y la Academia Nacional de Ciencias, con el propósito de conocer cómo era la enseñanza de la ciencia entre la Declaración de la Independencia (1816) y comienzos del siglo XX (1900).

El investigador indica que la documentación consultada revela la existencia de la educación en disciplinas científicas -como física, matemática y astronomía- y un elevado nivel de la enseñanza, respaldado en los conocimientos que se impartían y en el material bibliográfico que se utilizaba.

Los textos que se empleaban en la época demuestran un nivel de madurez de la ciencia más elevado que el atribuido hasta ahora. “Se trata de volúmenes muy buenos, que datan de 1840 y 1850. Con esos mismos libros y procedimientos se enseñaba física en las universidades norteamericanas en 1850, por lo que el nivel era el mismo”, sostiene.

Aunque su investigación continúa en curso, Pyenson supone que incluso los estudiantes de Abogacía debían aprobar física, -se incluían en ella conocimientos de astronomía y matemática-, para obtener el título. De confirmarse la hipótesis, esto podría estar relacionado con la concepción de una formación universalista que -según el historiador- irrumpe con el nacimiento de la República y la secularización de la Universidad, es decir, “surge esta noción de conocimiento general que no es teológico o religioso”, agrega.

Circulación del conocimiento

Más allá de la enseñanza de las ciencias en la UNC, Pyenson indagó en la manera en que circulaba el conocimiento científico a finales del siglo XIX y con posterioridad a Sarmiento. Los archivos de la Academia fueron muy útiles a este propósito, ya que albergan toda la correspondencia de aquellos años, hecho que Pyenson considera excepcional. “Con los documentos conservados uno puede reconstruir una imagen, día a día, del proceso de producir conocimiento y responder preguntas acerca de cómo se generaba el conocimiento y cómo se editaban libros como los que conserva la Academia”, destaca el historiador.

Contar con un archivo tan completo, a pesar de haber transcurrido más de un siglo, le permitió reconstruir la manera en que se realizaba un libro o un boletín de la Academia, las idas y vueltas entre autor e imprenta hasta llegar al producto final, y todo ello a pesar de las complejidades técnicas y las complicaciones que imponían la distancia y los sistemas de comunicación de la época.

Pyenson señala que en el período en el que la Academia Nacional de Ciencias comienza a publicar sus boletines y libros, había tecnología disponible en la Argentina y personas capacitadas para ello, impresores que eran, en su mayoría, inmigrantes europeos. Para el historiador, los editores de fines del siglo XIX fueron colaboradores científicos y literarios del investigador, ya que eran éstos quienes les indicaban a los investigadores qué cosas eran factibles de hacer en la publicación y cuáles era necesario hacer de otro modo, así como la manera más apropiada para ello. “Los impresores fueron, en cierto sentido, intelectuales”, concluye.

Quién es Lewis Pyenson

Lewis Pyenson es profesor de Historia en Western Michigan University, miembro correspondiente de la Academia Internacional de Historia de las Ciencias y de la Sociedad Real de Canadá. Es autor de libros de matemática y física en Alemania, en particular “El joven Einstein” [Alianza], y de una trilogía acerca de las ciencias exactas y el imperialismo de Alemania, los Países Bajos y Francia durante los siglos XIX y XX.

Además, es coautor de un estudio general sobre historia de la ciencia, Servants of Nature (Norton/HarperCollins). Su más reciente producción intelectual, “The Passion of George Sarton” (American Philosophical Society), examina la conexión entre un matrimonio de principios del siglo XX y el desarrollo de una disciplina académica en los Estados Unidos. En la actualidad escribe sobre historia de la ciencia y arte en la modernidad.

Andrés Fernández
comunicacion@rectorado.unc.edu.ar
Mariana Mendoza
Prosecretaría de Comunicación Institucional


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