Universidad Nacional de La Matanza - Departamento de Ciencias Económicas

24 de Noviembre de 2014 | 5 ′ 5 ′′


Calentamiento global: un impuesto/incentivo al ahorro de combustible

Calentamiento global: un impuesto/incentivo al ahorro de combustible


Para hacerle frente al cambio climático, el docente e investigador Armando Tutau analizó la creación de un impuesto/incentivo al ahorro de combustible para disminuir la “huella de carbono individual” que consiste en la totalidad de Gases de Efecto Invernadero (GEI) emitidos por un individuo, organización o producto. El proyecto tiene como objetivo fomentar una mayor responsabilidad social en la Universidad y la comunidad.

Las universidades, como instituciones interdisciplinarias de saberes comunes y letrados, cumplen un rol fundamental en la sociedad moderna, a partir de la investigación y la educación. Así, las distintas esferas de las ciencias tienen como objetivo mejorar la calidad de vida de las personas. En ese sentido, Armando Tutau, investigador y docente del departamento de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de La Matanza, presentó un proyecto de investigación relacionado con la responsabilidad social universitaria en relación a la sustentabilidad ambiental y el cambio climático.

En ese sentido, a partir de la iniciativa de las autoridades y particularmente del director decano, doctor Alberto Longo, el equipo dirigido por Tutau investigó las posibilidades de creación de un impuesto al consumo de petróleo (cuyo sobreconsumo se relaciona con el cambio climático). Es decir, un impuesto que premie o penalice al conductor de acuerdo al uso que hace del vehículo. “Cuando un individuo hace su declaración anual de impuestos en el registro automotor, también deberá declarar el combustible y kilometraje. Cuanto mayor es el kilometraje recorrido, mayor es el impuesto a pagar”, señala el experto a Argentina Investiga. Y agrega: “Claramente, estos valores dependerán del tipo de automóvil que uno tenga. No es lo mismo un auto eléctrico o híbrido que un transporte de combustible tradicional”.

Las motivaciones que explican las conductas individuales y colectivas pueden provenir de fuentes externas o internas. En este caso, las penalizaciones y premios actuarían como una fuente extrínseca, dado que los impuestos y las normativas son reglamentaciones aceptadas socialmente, mientras que una participación intrínseca implica que cada individuo tome conciencia de su accionar con el medio: desde evitar el derroche innecesario de energía eléctrica, o agua mientras se está regando el jardín o lavando el auto, hasta el cuidado ecológico del medio ambiente y el reciclado de residuos.

“Está comprobado que los individuos motivados extrínsecamente se involucran más en ciertas actividades en la medida que reciban premios por sus acciones. Sin embargo, lo harán de manera más superficial que si encuentran valor en la actividad como interesante o útil para la propia existencia o motivación intrínseca”, sostiene el experto.

Así, desde la Universidad se busca responsabilizar a todos los actores sobre la conducta ambiental con algo tan cotidiano como el uso del automóvil y su relación con la “huella de carbono”, es decir, la totalidad de Gases de Efecto Invernadero (GEI) emitidos de forma directa o indirecta de un individuo, organización o producto. Los GEI que motorizan el calentamiento global (y, en consecuencia, producen el cambio climático, que se percibe a través de la huella de carbono) poniendo en riesgo la sustentabilidad ecológica. De ahí que se demanden mayores instrumentos de control para aumentar la responsabilidad social ambiental y hacerle frente a un problema que afecta a 1 de cada 1.500 ricos y a 1 de cada 19 pobres.

“Considerando que los pobres inciden poco en la producción de GEI, y esto se convierte en una ‘injusticia climática’, es urgente la necesidad de proteger los ecosistemas críticos para el bienestar de las especies y propiciar el cambio hacia la construcción de cohesión social más allá de etnias, géneros u origen socioeconómico político, a partir de la democratización de procesos políticos económicos hacia oportunidades de acceso y políticas de inclusión social”, sentencia el investigador.

Universidad sustentable

La responsabilidad social universitaria es una política de gestión en donde la institución hace internas sus externalidades, en acciones coherentes y concretas, procurando que no generen impactos negativos y favoreciendo el diálogo entre los actores sociales, así como el compromiso ético y de rendición de cuentas, que asume la Universidad con sus actores propios, ajenos y futuros.

“La Universidad Nacional de La Matanza cuenta con el Instituto de Medio Ambiente al que hemos contactado y que, hace poco, redactó un Manual de identificación y tratamiento de materiales reciclables destinado a la concientización y educación, así como también lleva adelante el proyecto ‘UNLaM Sustentable’ con medidas de ahorro de energía y de papel de impresión”, expresó Tutau. Y concluyó: “Más allá del trabajo del Instituto, muchos docentes del departamento de Ciencias Económicas entendemos que la responsabilidad social debe ser ejercida por todos los actores y la comunidad en general”.


Guillermo Meliseo


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