Universidad Juan Agustín Maza - Facultad de Ingeniería

11 de Noviembre de 2019 | 4 ′ 30 ′′


¿Cómo vivir en una de las zonas más riesgosas de América Latina?



En Mendoza, la región del “Piedemonte” combina dos elementos muy preocupantes: elevadas posibilidades de catástrofes ambientales y población con alta vulnerabilidad. ¿Qué se puede hacer al respecto?

Según el Índice de Riesgo Mundial 2018, Argentina no debería tener mayores preocupaciones pues se ubica 135 sobre un listado de los 172 países que tienen mayor probabilidad de sufrir desastres naturales y están en una posición vulnerable para enfrentarlos. Lo cierto es que, por sus características, la provincia cuyana se asemeja más a Chile, que posee un índice muy alto.
“El Piedemonte precordillerano mendocino es un área de reducidas dimensiones pero en su interior alberga una multiplicidad de factores que lo convierten en una de las zonas más riesgosas de América Latina, contando entre sus amenazas la sísmica, la de remoción en masa (aluviones) y otras no menos importantes y destructivas como incendios naturales, licuefacción de suelos, viento zonda y granizo”, explican en su trabajo de investigación Graciela Carbajosa, Carina Calcagno, Gerónimo Amuchastegui y Héctor Cisneros, de la Universidad Maza.

En la zona viven más de un millón de personas que tienen posibilidades de desarrollo muy diferentes ya que hay un gran número signado por la desigualdad social y la vulnerabilidad ambiental. Por ello, los investigadores se plantearon como objetivo analizar estrategias de comunicación y educación ambiental que sean efectivas en la reducción de la vulnerabilidad ante el riesgo de desastres naturales. De allí se elaboran planes para aplicarlos en las poblaciones observadas.

La vulnerabilidad es un factor componente del riesgo y se refiere al grado de exposición de un sujeto a la ocurrencia de una amenaza o daño. Varía según los factores que ayuden a elevar, o no, las capacidades, conocimientos y recursos para disminuir esa exposición. Puede ser física, social, ambiental, cultural, económica, etc.

Ante esta combinación aparecen las capacidades, ya que a mayor preparación que una sociedad posea para enfrentar y recuperarse de un evento adverso, corresponderá una menor vulnerabilidad y mayor resiliencia.

Un ejemplo reciente y negativo

Héctor Cisneros, docente e investigador del Instituto de Geotecnologías (IGEO) de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Maza, destacó que una muestra de todo esto se vivió en el incendio del 20 de junio en la zona de Potrerillos. “La gente y los organismos de respuesta, al ser tomados por sorpresa y no estar preparados, sufrieron severos embates que, muy probablemente, se hubieran visto disminuidos en caso de contar con planes de contingencia”, sentenció.

Mucho trabajo por hacer

Estos proyectos de investigación del área de Ciencia y Técnica de la Universidad Maza han buscado concretarse en acciones de extensión y los integrantes de la institución trabajan activamente con la comunidad del Piedemonte y de la zona de Potrerillos para elaborar planes de acción y alertar a la población sobre los efectos degradatorios naturales.
“Se han brindado charlas en Departamentos como Lujan y San Rafael y, a pedido de las comunidades, se establecieron contactos para colaborar en mitigación y contingencia para ayudar a las poblaciones más vulnerables”, explicó Cisneros.

Herramientas fundamentales

Carbajosa destacó que “todos los mendocinos conocemos, en general, a qué estamos expuestos, pero no sabemos cuándo. Por eso es importante insistir en que los desastres pueden reducirse considerablemente si la gente se mantiene informada sobre las medidas que puede tomar para reducir su vulnerabilidad y si se mantiene motivada para actuar. En ese camino estamos trabajando”.

Al identificar los públicos a los cuales se dirigirán los mensajes, el equipo de trabajo encontró actores diversos como: la comunidad expuesta a riesgos, líderes comunitarios, organismos vinculados, profesionales de la salud, medios de comunicación masiva, medios comunitarios, redes sociales, comunidad educativa, dependencias gubernamentales, etc. Es fundamental el trabajo mancomunado de todos ellos.

Carbajosa explicó que están en una nueva etapa del proyecto, donde desarrollan mensajes con herramientas en soporte audiovisual en diversos canales para facilitar el acceso a la información. “Esto forma parte de una estrategia que incluye elementos educativos (evaluación y reconocimientos de riesgos locales) junto con la difusión de medidas de prevención o de acción en casos de ocurrencia de los fenómenos que nos afectan localmente”, cerró.


Gabriel Omar Chaud


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