Universidad de Flores - Laboratorio de Estudios en Actividad Física (LEAF)

27 de Julio de 2020 | 8 ′ 53 ′′


COVID-19: Estudian los efectos del aislamiento social en la salud mental y física



Un grupo de profesionales del área de psicología y de la actividad física y salud elaboró una encuesta online con el objetivo de conocer qué hábitos y conductas se modificaron con la cuarentena. Sostienen que la práctica de actividad física es clave para combatir el estrés y la depresión. La investigación es parte de un estudio a nivel mundial en el que intervienen más de diez países.

El avance del COVID-19 y el decreto del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) dieron lugar a una serie de situaciones inéditas para gran parte de las poblaciones, como por ejemplo el cierre de establecimientos educativos, el auge del teletrabajo y la reducción de espacios recreativos. Estos cambios abruptos trajeron aparejadas consecuencias negativas en la salud física y mental de la sociedad. Es por esto que un grupo de profesionales del área de psicología y de la actividad física y salud de UFLO Universidad trabaja en un proyecto que estudia los efectos del aislamiento social en relación a la salud física y mental.

La investigación –que es parte de un estudio a nivel mundial lanzado en Reino Unido, en el que intervienen más de diez países– está destinada a países latinoamericanos en los que se decretó la cuarentena, con especial foco en la Argentina, y pretende analizar cómo el ASPO ha generado cambios en las conductas alimenticias, de consumo de tabaco, alcohol, actividad física, comportamiento sedentario, tiempo en pantalla, actividad sexual, ansiedad y depresión. Para esto, el equipo elaboró una encuesta vía online a adultos que se declaren en aislamiento social.

En una videoconferencia en la que se socializaron algunas de estas impresiones, la doctora Gabriela de Roia, directora del Laboratorio de Estudios en Actividad Física (LEAF) de UFLO Universidad, una de las áreas a cargo del proyecto, se refirió a la importancia de, aun en tiempos de pandemia, reducir el comportamiento sedentario y aumentar los niveles de actividad física. “La práctica de actividad física regular produce efectos beneficiosos en la salud y ayuda a prevenir factores de riesgo metabólico como la hipertensión, el sobrepeso y la obesidad, la hipoglucemia, la híperlipidemia y prevenir el desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles que pueden llevar a una muerte prematura”, señaló a Argentina Investiga la experta, quien recomienda dedicar una media hora diaria de actividad física.

Como parte de este proyecto interdisciplinario, la Facultad de Psicología y Ciencias Sociales dio a conocer, mediante una revisión sistemática de 68 artículos científicos sobre salud, algunas cifras preocupantes. Desde que comenzó el aislamiento, los niveles de ansiedad en las personas llegaron al 45%, el doble de lo que se presentan en circunstancias normales, mientras que la depresión llegó al 35%. Le siguen, en menor medida, el estrés agudo y el burnout. “Hay muchas personas –explicó la doctora Analía Losada, Vicedecana de esta unidad académica– que no pueden realizar actividad física por estar trabajando más que antes. En UFLO existen tres líneas puntuales de investigación en salud en contexto de encierro y tratamos de transferir los resultados en indicaciones y sugerencias que aumenten la calidad de vida”.

Respecto a cómo afecta este entorno a la salud mental, la doctora Losada expresó: “En este contexto priman las situaciones de inseguridad, de desconfianza, de incertidumbre. Los que atendemos pacientes sabemos de las enormes dificultades convivenciales que han surgido, con cuestiones de la enfermedad propiamente dicha, como el miedo a contagiarse o contagiar a otra persona, y con los cambios de rutina y estilo de vida. En la medida que el aislamiento se va prolongando encontramos aumento de peso, también incremento de adicciones o trastorno del comportamiento. Somos seres sociales y el aislamiento en sí ya es una dificultad a corto plazo. Y no podemos dejar de lado las dificultades económicas que ya están dadas”. Las recomendaciones de la especialista pasan por mantener una rutina, que en todas las franjas etarias permite una autorregulación emocional: levantarse a un horario, cumplir con las cuatro comidas, dedicarle un tiempo a la actividad física y ver esta situación como una oportunidad para salir fortalecidos del aislamiento.

En tanto, el doctor Kabir Prem Sadarangani, kinesiólogo y coordinador de la región sudamericana del proyecto, también presentó algunos resultados. Según relevamientos que acompañan la investigación, las personas que practican actividad física tienen un 17% menos de probabilidades de tener depresión y que su práctica activa disminuye un 26% los niveles de ansiedad. Recordó que, al notar que él mismo había disminuido su frecuencia de actividad física durante el aislamiento, se contactó con los gestores del proyecto del Reino Unido –que busca comparar los niveles de actividad física pre y post COVID-19– y propuso replicar su metodología en nuestro continente.

Actualmente participan Reino Unido, España, Italia, Brasil, Jordan, Estados Unidos, Australia, Austria, Argentina y Chile (Perú y Bolivia esperan respuesta de comité de ética aún), y miles de personas han completado la encuesta. En Estados Unidos, de los primeras conclusiones se desprende que quienes eran previamente activos disminuyeron un 32% su nivel de actividad física y aumentaron un 38% su tiempo frente a la pantalla durante el COVID, mientras que quienes no eran activos aumentaron un 2% el nivel de actividad física, pero también un 16% su comportamiento sedentario y un 25% de tiempo frente a la pantalla. En la Argentina todavía es muy prematuro hacer un diagnóstico, pero el doctor Kabir Sadarangani aseguró que esa tendencia irá en aumento: “La gente va a tener miedo de salir y está acostumbrada a realizar actividad física en espacios recreativos, no en el hogar”.

Por su parte, la licenciada Beatriz Labrit, Decana de la Facultad de Psicología y Ciencias Sociales de UFLO, destacó esta articulación virtuosa entre ambas disciplinas. El área que conduce y el LEAF ya han trabajado en otras investigaciones y prácticas conjuntas, haciendo hincapié en la importancia de articulación entre las unidades académicas, los laboratorios y otros dispositivos que atraviesan la institución, generando un valor agregado a los alumnos, docentes e investigadores a través de acciones de formación continua, investigación, prácticas y transferencia a la comunidad. Resaltó la importancia de la formación de los estudiantes en actividades en equipo e interdisciplinarias, multidisciplinarias y transdiciplinarias para la inserción profesional en el siglo XXI y el avance en el desarrollo de la ciencia. Afirmó, además, entender la salud desde el enfoque de la "Psicología de la salud", que la concibe como el resultado de procesos psicológicos, biológicos, del comportamiento y socioculturales.

En cuanto a la actividad física, la Decana la distingue como “un factor crucial para preparar el organismo para enfrentar el estrés de la vida cotidiana y descargar el estrés que esta produce, generando a su vez sensación de bienestar, pertenencia, lo que llamamos Eustrés o estrés positivo. Se trata de una fuerza motivadora, positiva, generadora de interés en las personas para desarrollarse y superarse, algo fundamental para nuestra calidad de vida”. El estrés es un término acuñado por Selye (1974) como “la respuesta inespecífica del organismo ante cualquier exigencia”, constituyéndose como un mecanismo innato de autopreservación transmitido genéticamente en un momento donde los esfuerzos físicos eran usuales e imprevistos y las comunicaciones elementales; el hombre estaba preparado para la lucha o la fuga. “Hoy –sostiene la licenciada Labrit– salvo estresores, que son estímulos que invitan a generar estrés, tales como terremotos, terrorismo, pandemias y otros denominados bio-desastres, generalmente presentan carácter psicosocial. No podemos luchar o fugarnos, y determinadas sustancias generadas a partir del mecanismo físico quedan en el torrente sanguíneo, generando a corto, mediano o largo plazo, diferentes tipos de enfermedades, algunas de las cuales fueron presentadas en la encuesta realizada por la doctora De Roia”.

“Desde la Psicología contamos con mecanismos útiles para relevar, por un lado, las fuentes de estrés, como así también la forma de procesar dichos estímulos como pensamientos e imágenes internas, y la posibilidad de cambio para poder responder de manera adaptativa, basándonos en nuestras fortalezas”, concluye.

Para completar el cuestionario “Efectos del COVID-19 (coronavirus) asociado con el aislamiento social y la salud mental y física” hay que ingresar al siguiente link:
https://www.soscisurvey.de/COVID-19_Argentina/?r=HC

Hernán Cortés
hernan.cortes@uflo.edu.ar
Responsable de Comunicación de la Secretaría de Investigación y Desarrollo


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