El avance de la agricultura es la mayor causa de deforestación

Universidad Nacional de Córdoba - Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

16 de Mayo de 2011 | 9 ′ 54 ′′


El avance de la agricultura es la mayor causa de deforestación


Las tasas de deforestación sufridas por los bosques cordobeses no tienen parangón a nivel mundial. La agricultura, en los últimos 35 años, pasó a ser la causa más importante de la desaparición y fragmentación de hábitats y de la consecuente pérdida de bosques y biodiversidad, como así también la principal fuente de deposición de nitrógeno y fósforo en los ecosistemas. En este artículo, investigadores cordobeses analizan la magnitud del problema a escala global y regional.

La expansión e intensificación de la agricultura durante los últimos 50 años no registra precedentes en la historia de la humanidad. Entre 1960 y 2000, la población mundial se duplicó hasta alcanzar los 6.000 millones de habitantes, al tiempo que la economía global crecía seis veces. En forma paralela, la demanda de alimentos y de servicios ecosistémicos aumentó significativamente. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) la producción de alimentos casi se duplicó en ese período.

Parte de este incremento puede atribuirse a un aumento de alrededor del 12% en la superficie cultivada, aunque no puede soslayarse el efecto de la “Revolución Verde” (cultivares de alto rendimiento, fertilizantes y pesticidas químicos, mecanización e irrigación), lo que implicó, para el mismo lapso, un incremento global del 700% en el uso de fertilizantes y del 70% en la superficie de cultivos bajo riego. Como consecuencia de ello, el rendimiento por unidad de área creció un 106% durante ese lapso.

Los cambios en el uso de la tierra desencadenaron problemas ambientales a diferentes escalas; las transformaciones del territorio originaron la pérdida de hábitats y biodiversidad, la alteración de la estructura y funcionamiento de los ecosistemas y la disminución de su capacidad para sostener la provisión de servicios (regulación del clima, producción de oxígeno, mantenimiento de la calidad del aire y del agua, desarrollo de los suelos, reciclado de productos de desecho) y recursos vitales (alimento, fibras, agua dulce, productos forestales). En la actualidad, cerca del 40% de la superficie libre de hielos del planeta está bajo agricultura, en tierras antes cubiertas por bosques, sabanas y pastizales naturales.

El caso sudamericano, argentino y cordobés

En concordancia con las tendencias de alcance global, los principales factores de cambio en el uso y cobertura del suelo en América del Sur son la deforestación y la expansión de la agricultura. La deforestación de la Selva Amazónica fue muy reducida hasta 1975, pero hacia fines de los ‘90 se habían deforestado cerca de 350 mil km2 de selvas, la mayor parte de ellas, para cultivos. Este proceso de cambio en el uso del suelo ha continuado hasta el presente, tal el caso de las tierras bajas de Bolivia, donde se observan tendencias similares con una aceleración en la tasa de pérdida de bosques.

Los mapas recientes de la vegetación del continente indican un proceso similar de expansión de la agricultura en el Chaco del sur de Bolivia y norte y centro de Argentina. En Argentina, el incremento en la producción de granos en los últimos 50 años fue de 20 a 70 millones de toneladas, estimándose que pronto llegará a 100 millones. Esto implica una conversión sostenida de ecosistemas naturales en tierras agrícolas, lo que ocurre en seis de sus ecorregiones: las selvas de las Yungas y Paranaense, el Chaco Seco, el Chaco Húmedo, el Espinal y la Pampa [gráfico “Ecorregiones de Argentina...”].

En términos generales, la tasa de deforestación registrada por la FAO (2001) para Argentina (0,8% anual) es ya una de las más altas de América del Sur, aunque resulta ampliamente superada en algunos sectores del territorio, tal el caso de Córdoba. En la provincia mediterránea están bien representadas tres de las ecorregiones mencionadas: el Chaco Seco, el Espinal y la Pampa [gráfico “Ecorregiones de Argentina...”]. En el Chaco Seco (o Semiárido) un conjunto de factores concurrentes, demandas y precios del mercado internacional, paquetes tecnológicos, incremento en las precipitaciones en algunos sectores, han contribuido a un avance notable de la frontera agrícola durante la segunda mitad del siglo pasado.

La expansión de la agricultura ha sido posible a partir de la conversión de grandes extensiones de bosques, lo que provocó tanto la desaparición de hábitats como su fragmentación a lo largo del centro y norte argentino, en las provincias de Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Chaco y Formosa [gráfico “Evolución de la superficie...”].

Lamentablemente, Córdoba constituye el más dramático ejemplo de esa realidad: los procesos de expansión de la agricultura en los departamentos del norte cordobés, entre 1970 y 2000, ocasionaron la pérdida de más de 10 mil km2 de bosques xerófilos estacionales (chaqueños) por conversión a cultivos anuales, principalmente, soja. También el precio diferencial de la tierra en relación a sus altos valores en la ecorregión pampeana, sumado a un proceso de concentración de su propiedad en manos de grandes capitales, han promovido elevadas tasas de deforestación. En algunos territorios, tales tasas han alcanzado valores que se ubican entre los más altos del mundo.

Por su parte, el Espinal posee suelos muy aptos para el desarrollo de actividades agrícolas, por lo cual sus bosques comenzaron una franca declinación hacia comienzos del siglo XX. La expansión de la frontera agrícola desde la ecorregión Pampeana es responsable de la reducción de las masas boscosas, especialmente en las provincias de Córdoba y Santa Fe, quedando escasos manchones relictuales en una extensa matriz de cultivos anuales.

La ecorregión Pampeana, ubicada en el sector sudeste de Córdoba, es la que más profunda y tempranamente fue transformada por la agricultura. El comienzo de la conversión de los pastizales del Río de La Plata estuvo asociado al arribo de los colonizadores europeos en la primera mitad del siglo XVI. A partir de la colonización, los herbívoros nativos, venados, ñandúes y en algunas áreas, guanacos, fueron reemplazados por ganado exótico, mular, caballar, vacuno y ovino. A lo largo del siglo XIX y principios del XX, la mayor parte de los pajonales originales fueron reemplazados por tierras agrícolas, y los sitios con limitaciones edáficas (salinidad, anegamiento, entre otras)
-como los terrenos inundables del sur provincial, por ejemplo-, se transformaron en pastizales bajos, destinados a la producción de carne.

Durante las últimas décadas, la agricultura se expandió considerablemente por cambios en los mercados globales y por la incorporación de nueva tecnología. De esta forma se llegó a la siembra directa, de la mano de la aplicación del herbicida glifosato, de la incorporación de variedades vegetales genéticamente modificadas y de la implementación del sistema trigo-soja. En las tres ecorregiones mencionadas, la difusión de la siembra directa fue acompañada por la de la soja [gráfico “Evolución de la producción...”].

El resultado final de los procesos de conversión de ecosistemas naturales a campos de agricultura en Córdoba se observa en el gráfico “Cobertura de la vegetación...”. Aproximadamente 120.000 km2 de bosques presentes en la provincia a comienzos del siglo XX han sido reducidos a 6.400 km2 de bosques relativamente bien conservados, 10.600 km2 de bosques de sustitución y 9.600 km2 de matorrales.

Al tiempo que nuestro país recuperaba la tan anhelada vida democrática, la expansión de la agricultura, y con ella el avance de la frontera agropecuaria a instancias de los bosques nativos, iba tomando trágica forma en la provincia de Córdoba. Así, los gobiernos de turno no fueron capaces de garantizar el “derecho de los habitantes a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras”, como versa el artículo 41 de la Constitución Nacional, ni de “resguardar la supervivencia y conservación de los bosques”, tal como indica la Constitución de la provincia de Córdoba en su artículo 68. Entonces, bien podría sostenerse que la deforestación sufrida por la provincia de Córdoba es, además de inaceptable y ruinosa desde lo ambiental, inconstitucional.

Combinado con la ambición privada desmedida en un período de expansión del mercado internacional de granos y de la tecnología de producción de alimentos, gestó una combinación explosiva que, unas pocas décadas después, nos posiciona en una situación límite, sin más alternativas futuras que la simple y total protección de los escasos relictos de vegetación nativa. Las tasas de deforestación sufridas año a año por los bosques cordobeses no tienen parangón a nivel mundial.

La agricultura en el planeta habría ya superado un punto de inflexión amenazante, pasando de ser una causa menor de degradación ambiental hace tan sólo 35 años, a constituir la principal fuente de deposición de nitrógeno y fósforo en ambientes terrestres, acuáticos y marinos, como así también la causa más importante de la desaparición y fragmentación de hábitats y de la consecuente pérdida de bosques y biodiversidad.

Sobre los autores

Marcelo Cabido y Marcelo Zak son investigadores principales del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (IMBIV), de la Universidad Nacional de Córdoba/Conicet. Cabido es, además, colaborador del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático que ganó el premio Nobel de la Paz en 2007.

Andrés Fernández
comunicacion@rectorado.unc.edu.ar
Marcelo Cabido/Marcelo Zak
Prosecretaría de Comunicación Institucional


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