Universidad Nacional del Sur - Departamento de Economía

16 de Diciembre de 2019 | 7 ′ 5 ′′




La doctora María Emma Santos, profesora de Política Económica en la UNS, investigadora del CONICET y Asociada al Oxford Poverty and Human Development Initiative, reflexiona sobre el reciente premio Nobel a Banerjee, Durflo y Kremer, el aporte de estos investigadores y los cuestionamientos éticos que se han realizado a su metodología.

Este año, el premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en memoria de Alfred Nobel -conocido comúnmente como "el Nobel de Economía"- fue otorgado a Abjit Banerjee, Esther Durflo y Michael Kremer, por su enfoque experimental para el diseño y evaluación de políticas de reducción de la pobreza global. Durflo es la persona más joven y la segunda mujer en la historia en recibir este premio.
“Para quienes investigamos e intentamos por ese medio contribuir a la reducción de la pobreza, el otorgamiento de este premio ha sido una noticia esperanzadora y emocionante. Se trata de tres personas que han provocado una especie de revolución en la forma de abordar el problema de cómo reducir la pobreza global, algo que ellos mismos llaman un ‘movimiento”, reflexiona la doctora María Emma Santos, profesora adjunta de Política Económica en la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca), investigadora adjunta del CONICET e Investigadora Asociada al Oxford Poverty and Human Development Initiative, de la Universidad de Oxford (Reino Unido).

Banerje es de origen indio, tiene 58 años y es profesor del Massachussetts Institute of Technology (MIT). Durflo es francesa, tiene 46 años, y también es profesora del MIT. Por su parte, Kremer es norteamericano, y a sus 54 años da clases en la Universidad de Harvard.
“Lo primero a remarcar es el objetivo de su investigación: Este premio realza una vez más la esencialidad del Primer Objetivo de Desarrollo Sostenible acordado por las Naciones Unidas en 2015. Nos recuerda que la humanidad no puede darse por contenta hasta tanto logremos que nadie en el mundo soporte formas de vida indignas, con privaciones tan agudas como la desnutrición, la mortalidad prevenible, vivienda inadecuada, falta de acceso a agua potable, saneamiento mejorado, energías limpias, y educación”, enfatiza la doctora Santos.
“El camino todavía es largo porque 1300 millones de personas viven aún con varias de esas privaciones a la vez. Y para lograrlo se necesitan políticas. Pero, ¿cuáles políticas? Muchos creemos tener muy buenas ideas de políticas porque tenemos buenas intenciones, pero para saber si son realmente buenas hay que ponerlas a prueba, como hacen Banerjee, Durflo y Kremer” explica.

Grandes problemas, pequeñas preguntas
Según Santos, lo revolucionario de su método es el diseño de experimentos aleatorios controlados para testear si la política diseñada sirve. El método es el que se utiliza habitualmente en otras ciencias, como ocurre con la medicina y el testeo de nuevas drogas. “Lo novedoso es su implementación en la Economía, en una escala en la que no se había hecho antes. Se trata de crear, a partir de una población dada, dos grupos aleatorios, que sean iguales (en promedio) en todas las características relevantes. A uno de esos grupos se le aplica el ‘tratamiento’ -la política dada a testear- y al otro no. La aleatoriedad en el armado de los dos grupos es lo que permite atribuir las diferencias en el resultado a la política que se ha implementado. Si el grupo que recibió el tratamiento mejoró los resultados en comparación con el grupo control, la política es efectiva”, detalla.

Banerjee y Durflo consideran que las grandes preguntas del tipo: ¿es la ayuda extranjera directa efectiva para reducir la pobreza? son inconducentes, sencillamente porque la evidencia empírica para responderlas es ambigua. En cambio, las "pequeñas preguntas", tales como ¿cómo lograr que las mamás en situación de pobreza completen el calendario de vacunación?, ¿qué es más efectivo para que los niños realmente aprendan en la escuela?, admiten el diseño de una política que busque modificar esos comportamientos, la implementación de manera aleatoria y la posibilidad de evaluar su efectividad.

La convicción de Durflo respecto de la utilidad de esta metodología los llevó a crear el J-PAL en 2003: una red de investigación global para reducir la pobreza, que hoy cuenta con 181 profesores en universidades de todo el mundo, implementando evaluaciones de impacto por medio de experimentos aleatorios controlados de políticas de reducción de la pobreza. Con estos experimentos han encontrado, por ejemplo, que pequeños incentivos (tales como un plato de comida caliente) son efectivos para que las madres completen el calendario de vacunación (experimento en India). También, que implementando un sistema de tutorías (aún con tutores que no eran maestros) en las escuelas primarias de la India, se logra mejorar las capacidades lecto-escritoras de los niños en los primeros años de la primaria.

Ciencia y Ética
“Esta metodología no está libre de críticas. Economistas muy destacados en el tema de pobreza, como Angus Deaton (Nobel de Economía en 2015), Jean Dreze, y Martin Ravallion, quienes también tienen vasta experiencia, han señalado las limitaciones de los experimentos aleatorios controlados. Las críticas incluyen que la aleatoriedad puede no eliminar todas las fuentes de diferencias entre los dos grupos. Que una política haya demostrado ser efectiva en Kenya, no garantiza que vaya a ser efectiva en Brasil; que, en la práctica, los experimentos son imperfectos, y que existen otras metodologías no-experimentales que nos ofrece la econometría que también pueden ofrecer evidencia rigurosa; y argumentan que puede ser antiético no ofrecer "el tratamiento" a todos los grupos con el mero propósito de testear la efectividad”, detalla Santos. “Sin embargo, todos los experimentos del J-PAL pasan un comité de ética, y cada uno testea una política en pequeña escala. Si resulta efectiva, gana fundamento para ser implementada de manera generalizada, como pasa con un medicamento. Finalmente, también se los ha criticado por "conformarse" con responder pequeñas preguntas en vez de las grandes preguntas”, ejemplifica.

Según aporta Santos, el método experimental tiene sus limitaciones, pero algo para resaltar es que "los randomistas" han levantado la vara de la evidencia científica ideal para recomendar una política. “Aun cuando no siempre pueda satisfacerse, marca el estándar de referencia. Y, por otra parte, la pregunta de cómo asignar los recursos de manera más efectiva no es una pregunta pequeña. Es una gran pregunta, porque redunda en la posibilidad de salvar más vidas del hambre, la muerte prevenible y la ignorancia”. Por eso, concluye que “desde este pequeño lugar en el mundo y en la ciencia, celebramos este Nobel”.


Marcelo C. Tedesco


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