En pocos meses, 160 mil hectáreas de Río Cuarto y la zona tendrán un actualizado y preciso mapa de suelos

Universidad Nacional de Río Cuarto - Facultad de Agronomía y Veterinaria

10 de Junio de 2019 | 12 ′ 15 ′′


En pocos meses, 160 mil hectáreas de Río Cuarto y la zona tendrán un actualizado y preciso mapa de suelos


Es una valiosa documentación cartográfica que se hará a partir de un detallado análisis de imágenes satelitales y el chequeo de más de 300 pozos de observación y estudios de laboratorio. Estará lista en 2019 y permitirá mejoras en el uso agropecuario de los campos.

A partir de la fotointerpretación de imágenes satelitales y un minucioso chequeo de más de 300 pozos de observación y análisis de laboratorio, investigadores de la Universidad Nacional de Río Cuarto, con técnicos del Inta y el Ministerio de Agricultura de Córdoba, elaborarán la denominada ‘Hoja Río Cuarto del mapa de suelos’, con un nivel de detalle que permitirá determinaciones exactas respecto de la capacidad productiva de los campos.

Son 160 mil hectáreas que comprenden Río Cuarto y sus alrededores. Los trabajos formarán parte de la cartografía de suelos que tiene el Inta a nivel nacional.

Permitirán a la Provincia establecer las bases de un ordenamiento del territorio, a partir de políticas de fomento, fiscales y de conservación de suelos, en función de la productividad de las tierras.

Así, Río Cuarto y la zona tendrán por primera vez un mapa de suelos, a una escala que establecerá la capacidad productiva de sus campos.

El trabajo se realiza a partir del estudio de imágenes de satélite y de alrededor de 300 chequeos de los perfiles de suelo, los que se analizarán en laboratorios para precisar sus características físico-químicas, su capacidad de uso y las técnicas de manejo más adecuadas.

Los resultados se pondrán a disposición del sector agropecuario para que pueda mejorar sus sistemas de producción y, a la vez, reducir los riesgos de deterioro que implica el desconocimiento de las limitaciones del territorio que cultivan.

Es un trabajo conjunto entre instituciones públicas. Cuenta con el financiamiento del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Córdoba y se prevé su publicación en el primer semestre de 2019.

La zona cuenta actualmente con mapas de suelo de bajo nivel de detalle. Por eso, este trabajo se hará a una escala de 1:50.000, la que permite realizar una descripción territorial adecuada para la planificación regional.

Por la UNRC, están abocados a este estudio quince especialistas de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, de reconocida trayectoria en el área de suelos y ordenamiento de tierras.

Una herramienta clave de planificación
Pese a ser una de las regiones de producción agropecuaria más ricas de Córdoba, Río Cuarto no cuenta aún con una cartografía adecuada de los suelos de esta zona. Las cartas (mapas) disponibles tienen una escala de entre 1:250.000 y 1:500.000, lo cual significa que poseen muy poco nivel de detalle.

El profesor José Cisneros, director del Servicio de Conservación y Ordenamiento de Tierras (SeCyOT) y uno de los coordinadores del proyecto, explicó: “Fuimos invitados a participar con el Inta y el Ministerio de Córdoba en este proyecto y enseguida nos pusimos a su disposición, aportando nuestro conocimiento de los suelos de la zona. Vamos a desarrollar la serie de mapas que todavía no están hechos para Río Cuarto y sus alrededores, generando información más precisa respecto de las características productivas de sus suelos. Es una tarea que nos parece un ejemplo de trabajo conjunto entre instituciones públicas”.

Cisneros, docente e investigador de dilatada trayectoria en estudios de suelo y referente de consulta en esta temática, señaló que el trabajo aportará información para los técnicos, productores, corredores inmobiliarios y decisores estatales, para definir qué producciones son las más convenientes para cada tipo de suelo, el valor de las tierras y sus riesgos de uso, entre otras variables. Indicó: “Hay suelos que poseen limitantes por erosión, por exceso de sales, porque tienen la napa freática muy alta o porque son susceptibles a lo que se conoce como voladuras de campos. Estos mapas permiten identificar precisamente dónde está cada tipo de suelo, para darles el uso adecuado. Es decir, es una herramienta clave de planificación”.
“Los datos serán públicos. La finalidad es que el productor agropecuario pueda tomar las mejores decisiones sobre qué hacer con cada uno de los suelos que tiene en su campo”, destacó el investigador. Y agregó: “Para el Gobierno provincial es una herramienta para aplicar políticas de fomento a la conservación de suelos, incentivos fiscales, valores de la tierras para la base imponible del impuesto inmobiliario y emergencias agropecuarias, entre otras herramientas de política. A los técnicos, en tanto, nos sirve para planificar el uso de las tierras, para ver qué rotación de cultivos es la más adecuada o qué manejo de suelo es el más conveniente”.

Otras 220 mil hectáreas en estudio
De manera simultánea, los investigadores de la Universidad trabajan en otro proyecto no menos ambicioso: el estudio de las cuencas medias y bajas de los arroyos Carnerillo y Chucul, para reducir los daños por inundaciones que, desde hace varios años, sufren las áreas rurales, y en algunos casos urbanas, de las poblaciones de Bengolea, Ucacha, Chazón y Santa Eufemia. Estas zonas sufren recurrentes anegamientos de los campos y caminos, por el elevado nivel de la napa freática, que también jaquea las construcciones y amenaza la salud de sus habitantes por el desborde de pozos negros.

Son casi 20 mil los pobladores urbanos y rurales que padecen año a año esas penurias. Mejor que nadie, ellos conocen del barro y de surfear caminos de lado a lado.

A solicitud de los municipios y del Consejo Regional de Conservación de Suelos del Departamento Juárez Celman, y con un aporte de medio millón de pesos del Ministerio de Agricultura de Córdoba, profesionales y técnicos de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, también encabezados por José Cisneros, iniciaron el relevamiento de unas 220 mil hectáreas de cuencas medias y bajas de los arroyos Carnerillo y Chucul, con el objetivo de proyectar un ordenamiento hidrológico y territorial.

Entre estas localidades y su zona rural existen excesos de agua, que generaron severos anegamientos.
“Son inconvenientes que se agudizaron con las abundantes lluvias. En 2015 y 2016, hubo ciclos de precipitaciones pluviales muy seguidos e intensos, que provocaron inundaciones y cortes de caminos, poniendo en riesgo a las propias poblaciones, sobre todo de Ucacha y Bengolea, que resultaron las más comprometidas por el elevamiento de la napa freática y por la llegada de agua de manera desordenada desde las cuencas hídricas de los arroyos Carnerillo y Chucul”, reseñó el ingeniero Cisneros.

Consecuencia de un sólo cultivo
Para los investigadores, una de las causas del problema es el cambio en el régimen del uso del agua del suelo. En los campos, se hace un sólo cultivo al año, por lo que la absorción del agua y su posterior eliminación por transpiración es menor que cuando se hacían pasturas. Extraen menos líquido del suelo.

Datos recientes reflejan que los cultivos absorben del suelo entre 500 y 600 milímetros de agua al año, mientras que hay registros anuales de lluvia de entre 1.100 y 1.200 milímetros.

Explicó Cisneros que el sobrante de agua que queda en el suelo se acumula en las lagunas y en la napa freática, las cuales suben de nivel anegando los campos, provocando pérdidas de cosechas y salinización de los suelos. Mientras tanto, en las poblaciones, puede provocar daños en las construcciones, saturación de los pozos negros, inconvenientes sanitarios, calles que se vuelven intransitables y casas que se transforman en inhabitables.

El trabajo que llevan adelante los investigadores apunta a la elaboración de un plan de ordenamiento hídrico para regular este excedente de líquido y definir las zonas de conducción y acumulación, y los reservorios de agua. También, prevé un ordenamiento en el manejo de los campos para que absorba mejor el agua, por ejemplo, a partir de la rotación de los cultivos, para que haya más evapotranspiración del agua de lluvia.

Cisneros instó a los productores agropecuarios a que “se involucren en la solución de este problema”, porque, dijo: “Ellos son los dueños de la tierra y los responsables de que se generen los escurrimientos en sus campos”. “Por supuesto, en todo esto está el condicionante del clima”, admitió. Pero, remarcó: “No obstante, el productor, a partir del uso que le da al suelo, puede contribuir a agudizar el problema o a solucionarlo”.

El proyecto busca establecer cuáles son los caudales que se generan entre las cuencas de los arroyos Carnerillo y Chucul, para dimensionar qué infraestructura será necesaria. También prevé discutir sobre la construcción de canales clandestinos en los campos, un elemento que suma agravantes a la situación hídrica de esa zona.

Desde el Servicio de Conservación y Ordenamiento de Tierras, Cisneros señaló: “Ante la emergencia, el productor trata de sacar el agua de su campo a través de canales que él mismo construye, pero el agua siempre va a algún lado. Entonces, lo que se soluciona en un lugar trae aparejado un perjuicio para otro. Así, surgen los conflictos entre productores, con los consorcios camineros, entre el sector rural y el urbano y entre los propios sectores urbanos, porque un pueblo busca liberarse del agua, pero se la envía a otro que está más abajo”.

Por eso, destacó: “Uno de los principales objetivos es terminar con la anarquía en el manejo del agua. Este trabajo tiene que servir de base para un acuerdo entre productores, consorcios y la Provincia, para implementar un plan de largo plazo que ordene los escurrimientos”.

Pronosticarán las consecuencias de los fenómenos climáticos
La etapa actual en la que se encuentra el estudio comprende tareas de fotointerpretación de imágenes satelitales, la definición de la red de drenaje y la detección de todos los sistemas de canales.

En este marco, los especialistas desarrollan un sistema de información geográfico, que contendrá tanto los datos obtenidos en el terreno, como los provenientes de las imágenes satelitales, para poder caracterizar las cuencas hídricas.

Ya se realizaron relevamientos de la cuenta in situ, para verificar la situación de los caminos y los canales, y para medir la salinidad de las aguas.

Según Cisneros, “todos estos estudios permiten predecir qué va a pasar en el futuro frente a eventuales fenómenos climáticos; es decir, modelar el comportamiento de las cuencas y prever qué puede pasar si las ordenamos o no”.

La información que recoja el equipo de docentes e investigadores locales será clave para verificar los impactos de aplicar estrategias como el cambio del uso del suelo, poner o sacar un canal, colocar un reservorio o construir una represa.

El fantasma de las inundaciones sobrevuela Bengolea, Chazón, Ucacha y Santa Eufemia cada vez que se aproximan las lluvias. El fenómeno aísla a sus miles de pobladores, pero también a casi medio millar de productores rurales que tienen sus campos en cercanías de las cuencas de los arroyos Carnerillo y Chucul.

Para antes de fin de año, los especialistas de la Universidad estiman tener una primera aproximación sobre la forma en que funcionan esas cuencas. El trabajo estará concluido en 2019, un objetivo detrás del cual se encolumnaron las distintas áreas especializadas en el manejo de suelos de la Facultad de Agronomía y Veterinaria.

Alberto Ferreyra
prensa@rec.unrc.edu.ar
Fredy Dutra
Departamento de Prensa y Difusión


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