Estudian el vínculo entre espiritualidad, religiosidad, personalidad y bienestar subjetivo

Universidad de Flores - Facultad de Psicología y Ciencias Sociales

16 de Abril de 2018 | 5 ′ 18 ′′


Estudian el vínculo entre espiritualidad, religiosidad, personalidad y bienestar subjetivo


La investigación, a cargo de un grupo de psicólogos de la Universidad de Flores, se propone analizar cómo varía el vínculo entre estos conceptos. Está basada en una muestra de más de trescientos estudiantes universitarios.

Espiritualidad y religiosidad son dos conceptos que no han sido abordados en profundidad por la psicología. Había, hasta no hace mucho, cierta confusión y solapamiento entre ambas categorías, que de hecho se llegaron a usar indistintamente. Pero con los años se empezó a pensarlos como términos disociados, y este nuevo paradigma fue investigado por un grupo de psicólogos de la Universidad de Flores, cuyo estudio gira en torno a la relación entre la personalidad, la espiritualidad, la religiosidad y el bienestar subjetivo.

“La espiritualidad podría no estar necesariamente ligada a alguna religión en particular”, aclara el Dr. Hugo Simkin, director del proyecto, basado en una muestra compuesta por 336 estudiantes universitarios de la Ciudad de Buenos Aires. Y agrega: “Esto permite pensar en sujetos que no se perciben como parte de alguna religión, pero sí experimentan cierto interés en la autotrascendencia, lo que identifica a aquellas personas que consideran que existe un orden del Universo que trasciende el pensamiento humano. Estas identidades no requieren específicamente de un marco institucional”.

La idea central del bienestar subjetivo es encontrar relaciones entre la salud mental y la religiosidad y espiritualidad. Esto es, cómo ciertas ideas religiosas y/o espirituales les proveen estrategias a algunas personas para afrontar situaciones estresantes, y cómo otras categorías religiosas, por el contrario, se encuentran a un bienestar psicológico subjetivo. “El bienestar subjetivo –explica la Lic. Mercedes Olivera, integrante del proyecto– sería un indicador de salud mental. Es un concepto que deviene de la concepción de calidad de vida en el campo psicológico. Refiere a la sensación de bienestar no sólo afectiva, sino también cognitiva, que presenta el individuo en un determinado momento”.

Según los investigadores de la UFLO, históricamente la psicología se interesó por aspectos más psicopatológicos como, por ejemplo, la depresión o la ansiedad. “Pero luego –señala Simkin– empezó a emerger un área que se interesó por identificar aspectos positivos de la salud mental, como el bienestar psicológico, la satisfacción con la vida o el balance afectivo”.

“En general, las personas, sean religiosas o no, presentan estos sesgos cognitivos donde ven las cosas de manera negativa”, asegura Simkin, y cita un ejemplo: una persona puede inferir que es completamente inútil por haber desaprobado un examen y atribuir esa falla a cuestiones personales. O esa misma persona puede aprobar un examen y deducir que era fácil. “Hay personas que tienden a explicar sus éxitos por factores externos y sus fracasos por factores internos”, amplía el especialista, y menciona que, a veces, algunas formas de entender ciertos conceptos religiosos ayudan a afrontar eventos dolorosos, pero no siempre sucede, tal como lo ilustra con otra situación: uno puede explicar una pérdida tanto como una lección a la que Dios nos enfrenta para crecer como personas, o la misma pérdida se puede significar como un castigo. “En ambos casos hay una interpretación religiosa de un evento, pero cada interpretación promueve distintas experiencias emocionales. La idea, entonces, es tratar de identificar distintas formas de pensar ciertos eventos desde una visión religiosa. La personalidad muchas veces modula estos tipos de aproximaciones o formas de comprender la religiosidad”, completa.

Para el estudio se utilizó un diseño de tipo cualitativo en función de técnicas de evaluación psicológica, que permiten conocer cómo se relacionan diferentes conceptos e ideas a lo largo de toda su historia. Por ejemplo, cómo se vincula la autoestima con la depresión o la personalidad. “Trabajamos con una batería de técnicas que evaluaba distintos constructos que después eran analizadas a partir de un software estadístico que nos permitió conocer la relación entre ellas”, precisa Olivera.

Los resultados confirmaron las hipótesis planteadas al inicio del proyecto. “Encontramos que, efectivamente, hay ciertas formas de pensar la religión que se asocian con un determinado bienestar subjetivo psicológico más que otras. Y, a la vez, otro de los objetivos fue avanzar en la exploración de variables que no habían estado tan trabajadas como la espiritualidad”, explica Simkin. Y añade: “La evaluación de la espiritualidad es algo muy complejo. Si bien las técnicas que empleamos muestran propiedades psicométricas aceptables, no deja de ser un constructo difícil de capturar. Por esto, nuestro problema de investigación aborda, además, preguntas metodológicas y epistemológicas acerca de cómo evaluar esta categoría”.

El proyecto contribuye a poner foco en el modo en que estas ideas religiosas y espirituales que no habían sido consideradas empiezan a impactar, de acuerdo a cómo se las considere, en otras variables psicológicas, tanto en la salud mental como en el trato con otras personas. “Nos puede ayudar a cómo trabajar en contextos clínicos e institucionales”, se esperanzan los investigadores.

Departamento de Prensa
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