“Fue un sismo poco superficial que pone en alerta a la Argentina”

Universidad Nacional de San Juan - Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

02 de Octubre de 2017 | 9 ′ 12 ′′


“Fue un sismo poco superficial que pone en alerta a la Argentina”


Con estas palabras, Patricia Alvarado, doctora en Geociencias, describe la importancia que tiene analizar minuciosamente lo ocurrido en la ciudad de Chiapas. A continuación, en una entrevista, ilumina algunos interrogantes que generó este episodio que tiene mucha conexión con la zona sísmica de nuestro país.

¿Cuáles son las características geológicas de la zona en que ocurrió el sismo?
Es una zona de subducción, donde la placa de Cocos se está hundiendo por debajo de la placa de Norteamérica debido a que estas dos placas viajan en sentido contrario y chocan, obligando a la primera a hundirse por debajo de la segunda. La velocidad de convergencia es de unos 7 u 8 centímetros por año. Por lo tanto, se puede decir que es comparable a lo que se observa en San Juan, entre la placa de Nazca y la Sudamericana; aquí se levanta la Cordillera de los Andes y en México a la Sierra Madre.

¿Qué puede ocurrir después de un episodio de esa magnitud?
Desde el punto de vista de la geología es esperable grandes terremotos en la zona de la convergencia de las placas de Cocos bajo Norteamérica, entre México y Guatemala, donde las dos placas están en contacto y pueden generar sismos superficiales de menos de 50 km de profundidad y tsunamies. Luego, una gran cantidad de sismos ocurren dentro de la placa de Cocos desde unos 50 km y hasta profundidades de 200 km bajo la Sierra Madre. Son llamados sismos de “profundidad intermedia” y sus hipocentros definen la zona de Wadati-Benioff que también se observa aquí en San Juan.

Lo que les llama la atención a los sismólogos es la gran magnitud que tuvo el terremoto de México del 7 de septiembre casi a la medianoche, considerando que fue un sismo de profundidad intermedia de 70 km de profundidad de foco. Este tipo de movimientos son muy comunes y nos ayudan a delimitar la zona por la que están pasando las placas tectónicas oceánicas bajo los continentes (zona de Wadati-Benioff). En el caso de Sudamérica, a 31° de latitud sur, la ocurrencia de estos sismos de intraplaca nos ayuda para saber por dónde pasa la placa de Nazca bajo San Juan, Córdoba. En la zona de México ayuda a conocer el recorrido de la placa de Cocos bajo la placa continental de Norteamérica.

En este caso particular de México, fue un sismo inusual por la magnitud excepcional que ha tenido para una profundidad “no tan superficial”; son pocos los casos que se dieron en el mundo con magnitud superior a 7. Por ejemplo, en Irán 2013, un terremoto de este tipo de magnitud 7,8 causó muertes en varios países vecinos. En Sudamérica se han dado algunos como el terremoto de Chillán (1939) con 30.000 víctimas fatales, Calama (1950), Tarapacá (2005), en Chile; se cree que el terremoto magnitud 7,8 de Ancash, Perú, de 1970, que produjo 65.000 muertes, fue de este tipo también. Todos fueron terremotos muy devastadores comparados con otros sismos superficiales que para la misma magnitud apenas generaron tsunamies (ejemplo cercano el del terremoto de Illapel de 2015, de magnitud 8,3 ocurrido a apenas 25 km de profundidad de foco) que no llegaron a ocasionar los daños de los terremotos de profundidad intermedia como lo ocurrido ahora en México. Estos sismos de profundidad intermedia son destructivos cuando son de gran magnitud porque están más cerca o bajo el continente en comparación con aquellos del contacto de placas que generan los típicos tsunamis.

Desde que ocurrió el sismo en México se registraron muchísimas replicas, lo cual es esperable y probablemente sucedan algunas de mayor magnitud a las que hasta aquí se han observado. Esto va a durar días y meses por la magnitud 8,1 que tuvo el sismo principal.

¿Ocurrió antes en México un sismo como el del 7 de septiembre de 2017?
No se conocían registros con tanta magnitud para esa profundidad y que hayan alcanzado intensidad sísmica de IX en la escala de Mercalli, causando un centenar de muertes en tiempos modernos. El 19 de setiembre de 1985 México tuvo un terremoto devastador de Magnitud 8.1 y profundidad de 15 km en el contacto de placas, causando miles de víctimas fatales. Aquel terremoto obligó a re-pensar las normas de construcción sismorresistentes en todo el mundo por los efectos en los suelos y la ingeniería a gran distancia del epicentro en el DF. Aquél fue un sismo superficial y el de setiembre de 2017 de profundidad intermedia dañino, también con una magnitud que superó el umbral que se conoce para los terremotos de esta profundidad intermedia.

¿Qué consecuencias o cambios geológicos genera este tipo de episodios?
El primer cambio que uno puede observar es el movimiento vertical que se observa en el epicentro, es decir, en superficie por arriba donde se produce la liberación de energía. Hubo un tsunami de un metro de altura; esto hubiera sido peor en caso de un sismo superficial. En segundo lugar, estos hechos nos hacen recapacitar respecto de la importancia que uno le da a los sismos de gran magnitud y profundidad intermedia. Por lo tanto, pone en alerta a nuestro país respecto de la importancia que puede tener un movimiento de esta magnitud que ha superado la magnitud umbral que se conocía. Fue de más de 8. Cada vez que la magnitud de Richter sube un punto más hay que multiplicar por 30 la energía sísmica que libera.

¿Hay antecedentes en San Juan de este tipo de sismos?
Sí. El 20 de noviembre de 2016 se registró en la provincia de San Juan el mayor sismo de profundidad intermedia a 100 km bajo San Juan y con magnitud 6,5, la mayor que hemos registrado instrumentalmente en esta zona. Y menciono también el de Punitaqui, Ovalle de Chile a 56 km, de profundidad y magnitud 7,1. Son dos casos similares a los de México del 07/09 pero mucho menores en tamaño de energía liberada.

¿Hay alguna explicación respecto de los destellos luminosos que se vieron el cielo de Chiapas el día del terremoto?
Las explicaciones no tienen todo el consenso si le queremos encontrar un origen natural como la triboluminiscencia; más bien están orientadas a que fueron explosiones de transformadores debido a los cambios bruscos de electricidad que se generaron con el movimiento solamente observado en centros poblados. O bien, el fenómeno conocido como Fuegos de San Telmo por cargas propias de embarcaciones, por ejemplo, que se magnifican si está nublado y hay agua. Igual hay gente que ha reportado esto cuando los terremotos ocurren de noche y algunos casos pueden ser de un origen natural como el terremoto de Pie de Palo, en 1977, que algunas personas lo describieron. Por lo tanto, hace falta investigar más si se trata de algo que emana de las rocas o de la intervención del hombre en el ambiente que lo rodea.

¿Qué lectura se puede hacer de este hecho ocurrido en Méjico, teniendo en cuenta que vivimos en una zona sísmica?
En mi caso, representando a CONICET, a través del CIGEOBIO junto al INPRES, redactamos un protocolo de sismos cuyo objetivo es que cuando ocurra un sismo se brinde información lo más pronto posible a los organismos civiles y de seguridad que deben actuar ante una emergencia. Ayudamos a agilizar su tarea.
En el caso de Argentina, se tuvo que tipificar cada episodio de sismicidad y en particular en San Juan se ha propuesto un protocolo y las normas de construcción sismorresistente. Cada uno de estos episodios que ocurren sirven para poner en alerta el trabajo, revisar lo que se está realizando y modificarlo en caso que sea necesario.
Por lo tanto, la lectura que se hace luego de estos fenómenos es ponerse en alerta y trabajar para mejorar las condiciones en el lugar que vivimos para que, en caso de producirse un episodio de esta magnitud, estar preparados. Los terremotos van a seguir ocurriendo y debemos convivir con ellos acercando nuestro conocimiento científico para reducir el riesgo de desastres.

Patricia Alvarado es Licenciada en Geofísica, doctora en Geociencias. Es investigadora de Conicet, teniendo a su cargo el Grupo de Sismotectónica del CIGEOBIO. Se desempeña, además, como docente en el Departamento de Geofísica y Astronomía de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la Universidad Nacional de San Juan.

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