Malvinas: La primera baja de una guerra es la verdad

Universidad de Buenos Aires - Facultad de Ciencias Sociales

03 de Septiembre de 2012 | 10 ′ 9 ′′


Malvinas: La primera baja de una guerra es la verdad


“Tras un manto de neblina” es el título de la tesina que María Esperanza Sánchez presentó para recibirse de la carrera de Ciencias de la Comunicación. Las fotografías de la guerra, las que se conocen y la gran cantidad que fue sometida al ocultamiento y la desaparición, es el tema de este trabajo. En esta entrevista con Argentina Investiga, su autora habla del sentido de rescate que atraviesa su trabajo: no sólo de las imágenes en tanto objetos, sino también el rescate de las significaciones que esos objetos comportan.

“¿Tenés algún familiar que murió en la guerra?”. La pregunta de la docente que debía corregir la tesina fue espontánea. Y también lógica. La estudiante de comunicación tuvo que retroceder treinta años para responderle, ponerse en la piel de esa niña que llevaba su nombre, cuando hasta las historietas del Billiken ilustraban la guerra con aviones Mirage y frases de victoria, y la niña que era María Esperanza Sánchez quiso ser parte de ese paisaje bélico, dibujando ella misma a un soldado con una taza humeante de chocolate en una mano y una bandera argentina en la otra. Dibujo que colocó en un sobre con un destino: Islas Malvinas, y que esa noche de comunicados televisivos triunfalistas entregó a su padre para que lo pusiera en el correo al día siguiente.

No sabía entonces de la desinformación, del ocultamiento, de la distorsión. No sabía que treinta años más tarde, su tesina, el trabajo final de la carrera de Ciencias de la Comunicación que ahora revisaba la docente Cora Garmanik, se llamaría como los primeros versos de la marcha que escuchó en la infancia durante 74 días: Tras un manto de neblinas, con “el circuito de las fotos de Malvinas y su lugar en los medios”, en la que escribió: “Tal vez, en el fondo, tenga la secreta esperanza de acercarme un poco más a esa niña de cinco años que alguna vez fui y que pensaba que, enviando a Malvinas el dibujo del soldado feliz, estaba también haciendo patria”.

-¿Por qué Malvinas?
-Estaba terminando la carrera cuando me anoté -no sé por qué- en un curso de fotografía de guerra que daba Piroska Csúri en la Universidad de San Andrés. Ella es húngara pero vive y enseña en la Argentina. Un día me mostró cuatro fotos que tenía de la guerra de Malvinas. En el grupo estaba conmigo Daniel Rodríguez, quien en la actualidad es jefe de fotografía de los suplementos de Clarín. Él contó entonces que había ido como fotógrafo a Malvinas por un día. Y el tema quedó dando vueltas.

Y en esas vueltas María Esperanza Sánchez recordó. Recordó como si mirase una foto, el dibujo del soldado, la carta con la bandera y el chocolate, las historietas de Billiken, la marcha de Malvinas cuando a las diez de la noche se leían los partes oficiales que daban cuenta de otra marcha, la marcha de una guerra dibujada por los militares, que los medios gráficos se encargaban de colorear. Y el ‘vamos ganando’. “Y la emoción al llevar con mis hermanos al Banco de la Nación para el Fondo Patriótico los cinco pesos que nos regaló una tía... Le comenté a Piroska todo esto mientras recorría las cuatro fotos con imágenes de la guerra de Malvinas que me tatuaban los ojos, porque no podía dejar de mirarlas. Ella me dijo que no había más fotos, y que si las había no se podían conseguir. Yo terminaba la cursada y tenía que elegir el tema de mi tesina y me encontré diciendo en voz alta: ‘Mi tesina será sobre fotografía de guerra’”.

Así, antes de trabajar sobre las fotos de Malvinas, Esperanza -como eligió llamarse- investigó sobre la fotografía histórica cuyos inicios no fueron otros que la fotografía de guerra. Tardaría cinco años en presentar su tesina. Primero había que buscar un tutor y nadie más indicado que Julio Menajovsky, profesor de Fotoperiodismo en la Facultad de Ciencias Sociales, quien le dijo que tenía que recortar, que trabajar sobre una guerra específica. “¿Y Malvinas? ¿Porqué no?”, pero cómo. Había encontrado el tutor pero había que buscar. ¿Buscar qué? “Entonces empecé a ir a los archivos, al de Clarín, al de La Nación, al de las revistas Gente y Siete Días. Mi tutor me había dicho que las fotos debían verse, que hiciera bien el trabajo y eso me llevó tiempo. Aprendí a usar Fotoshop, aprendí a usar una cámara digital y, sobre todo, a sacar fotos. Tanto aprendí que Cora Garmanik, cuando corregía mi tesina me dijo que había cursado otra carrera, otra especialización”.
“En Clarín, me atreví con una cámara y busqué foto por foto en el archivo, hoja por hoja, los pedazos que hay de las hojitas aunque estaban bastante cuidadas. Me costó entrar en La Nación donde me decían que no había fotos de la guerra, aunque también de recortes, de pedacitos, fui reconstruyendo imágenes. No pude entrar a los archivos de las revistas pese a mi insistencia. Fui dos o tres veces a Gente, donde me decían que el archivo estaba en arreglo, que no podía acceder. Aunque las revistas se nutrían generalmente con fotos de agencias. Además, yo debía encontrar todo lo que se había publicado y sobre todo lo que no se publicó”.

-¿Alguna vez pensaste en abandonar?
-Sí, sí, pero había dos cosas que yo no quería cambiar, ni el tutor ni el tema de la tesina. Claudicaba y volvía a empezar. Así durante cinco años. Conseguí un fotógrafo que me contactó con alguien que tenía las colecciones completas de las revistas. Y saqué fotos de todas antes de devolver los ejemplares. Pero no alcanzaba para mi propósito que era mostrar sobre todo las fotos que se habían ocultado. Fui al ministerio de Defensa; a la Comisión de ex Combatientes y familiares de muertos en Malvinas; a la Asociación Bahía Agradable que nuclea a los ex combatientes de la Fuerza Aérea. Todas esas gestiones culminaron un día en el que recibí en mi lugar de trabajo un CD que puse en la computadora. Empecé a gritar por lo que estaba viendo ante la sorpresa de mis compañeras. Había casi 5.000 fotos. En mi tesina, de 425 páginas, entraron 400 fotos.

-¿Qué contaban esas fotos?
-Más importante aún ¡qué dejaban de contar! ¿Por qué son tan pocas las fotos de Malvinas que se publicaron de abril a julio de 1982?, y ¿por qué encontramos tantas imágenes repetidas en los medios? ¿No existían más fotografías o se ocultaron deliberadamente? Si hay fotos no publicadas ¿qué relato nos muestran? ¿Por qué aún hoy es tan difícil acceder a imágenes de la guerra? ¿Dónde están actualmente aquellas fotos, qué circuito siguieron y qué pasó con los fotógrafos? Si bien las preguntas son muchas y disparan hacia varios frentes, éste es el territorio en el que se mueve la tesina y los cuestionamientos que definen su vocación.

-¿Cuál es esa vocación?
-Frente al ocultamiento y desaparición al que fueron y son sometidas las imágenes de la guerra de Malvinas, la vocación de esta tesina es rescatarlas y traerlas al campo de visión. Rescate de las fotos en un doble sentido: rescate de las fotografías en tanto objetos (dónde están, cuáles son, qué circuitos siguieron, cómo fueron tomadas) y rescate de las significaciones que esos objetos -fotografías comportan y comportaban. Y en el proceso, la búsqueda. La búsqueda de fotos y protagonistas. Búsqueda que me llevó a toparme con cajas de recortes y con archivos saqueados -tal es el caso de la Biblioteca Nacional, con un archivo que recién ahora se está digitalizado- como el de la agencia Télam, donde se ha recuperado sólo el 25 por ciento de las imágenes tomadas en 1982; con fotógrafos que después de 25 años vieron sus fotos impresas por primera vez en mi tesina.

-¿Cómo te contactaste con los fotógrafos?
-Entrevisté -salvo excepciones- a todos y cada uno de los reporteros gráficos que estuvieron o pasaron fugazmente por Malvinas. Y a ex combatientes. Escuché historias, se desentrañaron dolores, habló el silencio, vi heridas, aparecieron verdades y mentiras. De esta manera pretendía reconstruir el derrotero muchas veces azaroso y aleatorio de las imágenes. Muchas de esas imágenes están en la tesina. ¿Cómo fueron publicadas esas fotos? Las fotos que no fueron publicadas, ¿por qué? Y después el relato de los fotógrafos que cuentan “a mí me censuraron esta foto”. “Yo saqué tal otra y nunca más la vi”. “Yo mandaba las fotos en la bolsa con los aviones del puente aéreo y nunca aparecieron”.

“Tras el manto de neblina de la guerra de Malvinas -dice María Esparanza Sánchez- se abren paso las fotos y sus autores para instituir su inapelable efecto verdad que nos vuelve a sacudir cada vez que las contemplamos. Rescatar esas voces y los nombres de quienes allí estuvieron y vieron por todos nosotros, se nos impuso como objetivo a seguir y poner en evidencia, como acervo de memoria y también como reconocimiento”. El mismo manto que encubre los miedos de la guerra, los recuerdos de los ex combatientes y sus secuelas, la tristeza, el dolor y las diferentes facetas de una historia que no termina de contarse.


Rodolfo Zibell


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