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Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco
Facultad de Ciencias Naturales - Sede Trelew
23 de Mayo de 2011

Moco de roca; el alga invasora que amenaza los ríos patagónicos

Los ríos patagónicos están siendo habitados por un alga proveniente de Europa, América del Norte y Asia, que expone a los ecosistemas regionales al riesgo de extinción. Esta especie es conocida con el nombre de “moco de roca” o “Didymo”. Un equipo de investigadores realizó el primer análisis de esta amenaza que sufre la biodiversidad.

Moco de roca; el alga invasora que amenaza los ríos patagónicos

Un equipo de investigadores, liderado por la licenciada Viviana Sastre de la Facultad de Ciencias Naturales, realizó el primer análisis de la amenaza que sufre la biodiversidad de los ríos patagónicos a causa del alga invasora Didimosphenia geminata. Se trata de una diatomea pennada con rafe, perteneciente al orden Cymbellales, vulgarmente denominada “moco de roca”. Según explicó la investigadora a InfoUniversidades, esta diatomea es originaria de las aguas continentales de la región templada fría del Hemisferio Norte, siendo su hábitat los ríos de Europa, Asia y América del Norte.

Sin embargo, se ha encontrado en el río Futaleufú o río Grande, en la provincia de Chubut, una zona apta para desarrollarse provocando un impacto en el medio ambiente. También se ha registrado en dos ambientes de la décima región de Chile, pertenecientes a la misma cuenca binacional.

El “moco de roca” o “didymo”, tiene facilidad para adherirse a rocas (epilíptica) y también a plantas (epifítica), porque produce copiosos pedicelos extracelulares que le valieron el sobrenombre de “moco de roca”. Forma densas masas, con aspecto de alfombra de lana de algodón húmeda de varios centímetros de espesor que tapizan el fondo de los ambientes acuáticos donde vive, y de esta manera, altera las condiciones biológicas y físicas.

Sastre sostiene que los impactos ecológicos y económicos de “didymo” incluyen varios aspectos, que van desde la disminución del oxígeno disuelto hasta la declinación de las poblaciones de peces nativos, debido a la reducción de fuentes de alimento de sus invertebrados y la transformación de hábitats apropiados.

Su presencia afecta la diversidad de especies bentónicas por la exclusión de diatomeas, interfiere en los estadios de desarrollo de los peces y ocasiona la eliminación de musgos y macrófitos, por la cobertura total de los sustratos. De mal aspecto y olor, el “moco de roca” es una influencia negativa para el turismo y los pescadores deportivos y provoca la obstrucción de tuberías, reservorios y plantas hidroeléctricas.

La detección de esta nueva especie se llevó a cabo gracias al monitoreo mensual de los ambientes acuáticos cordilleranos que realizan la Universidad y la provincia en busca de este tipo de floraciones nocivas.

Evitar la propagación

Instituciones provinciales llevan adelante tareas de prevención para evitar su propagación a otros ambientes. Éstas incluyen mensajes en los medios de comunicación masivos, confección de folletos y pósters, reuniones con los municipios cordilleranos y con las asociaciones de pescadores deportivos, con el objetivo de transmitir las medidas de prevención que deben adoptarse. También se incluye la desinfección de los equipos de pesca y embarcaciones al retirarse del río Futaleufú.

Existen tratamientos simples que destruyen efectivamente las células del alga invasora “didymo”, entre ellos, el chequeo que consiste en buscar restos de algas y sedimentos en los equipos y embarcaciones, y retirarlos cuidadosamente en el sitio antes de abandonar el río o lago y procurar no depositarlos en los desagües domiciliarios. También, la limpieza, que básicamente se trata de remojar y refregar todo lo que estuvo en contacto con el agua, por lo menos durante un minuto en solución de lavandina al 2% (un vaso pequeño o 200 ml en 10 litros de agua); solución de sal al 5% (50 gr. de sal en 10 litros de agua) o solución de detergente al 5%.

Los equipos que absorben agua (chalecos salvavidas, botas de pescador, waders) deben dejarse en remojo, al menos 30 minutos, en algunas de estas soluciones para asegurar su limpieza. Otra opción es colocar en remojo durante al menos un minuto en agua muy caliente por encima de 60° C, o durante 20 minutos en agua caliente por encima de 45° C.

El secado es una opción que debe practicarse si la limpieza no es posible con los otros métodos. El secado matará a “didymo” pero, si el material queda ligeramente húmedo, puede sobrevivir durante meses. Para asegurarse de que las células mueran por este procedimiento, el equipo debe estar completamente seco al tacto, por dentro y fuera, y se debe dejar pasar al menos 48 horas antes de volver a utilizarlo.

Por su parte, la congelación es otra alternativa que también mata las células de esta especie. Consiste en congelar cualquier artículo hasta que se solidifique. Es importante que si la limpieza, el secado o el congelamiento no pueden practicarse, se restrinja el equipo a un solo ambiente.

El equipo que dirige Sastre cuenta con la colaboración del ministerio de Ambiente y Control del Desarrollo Sustentable, la Administración de Parques Nacionales, la secretaría de Pesca de Chubut y los municipios de Esquel y Trevelin.

Daniel Pichl
dpichl@unpata.edu.ar
Daniel Pichl y Norma Escalante
Dirección de prensa
Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco




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