Universidad Nacional de Quilmes - Departamento de Ciencia y Tecnología

08 de Junio de 2020 | 6 ′ 9 ′′


Mujeres ingenieras, mujeres que resisten

Mujeres ingenieras, mujeres que resisten


Virgina Mazzone fue la primera graduada de Ingeniería en Automatización y Control Industrial (IACI) en la Universidad Nacional de Quilmes. La especialista explora las condiciones de modelado, monitoreo y optimización de procesos biológicos con bacterias y de productos de uso corriente en la industria siderúrgica. En diálogo con Argentina Investiga habla de su trabajo y opina sobre la actualidad de un campo históricamente dominado por los hombres.

Fue en 2002 cuando, tras el ritual de colación, Mazzone pasó de ser estudiante a convertirse en profesional. Y, a partir de aquí, sentó un verdadero precedente para la carrera y nunca más dejó la Universidad. Hoy se desempeña como docente investigadora de Ingeniería en Automatización y Control Industrial (IACI).

–Usted se especializa en bioprocesos, ¿qué son?
–Se trata de procesos biológicos que, en lugar de emplear las herramientas tradicionales de la electromecánica, procuran aprovechar las potencialidades de la naturaleza. En nuestro caso específico, utilizamos microorganismos capaces de generar productos con interés comercial. Es el caso de bacterias aptas para producir bioplásticos (denominados “PHV”). Según el modo en que son alimentadas brindan como resultado productos con características bien específicas. Es algo similar a lo que sucede con el biodiesel: hace algunos años se han patentado bacterias que pueden producirlo de forma más eficiente y limpia.

–¿Cómo se vinculan los bioprocesos con el campo de automatización y control en el que usted se desempeña?
–Siempre decimos que si puede medirse, puede controlarse. Nosotros aplicamos las herramientas provistas por la matemática y la simulación computacional, tanto a los bioprocesos como a otros productos de la industria siderúrgica. Por caso, en la actualidad nos interesa automatizar las actividades de los trenes de laminación; estructuras en las que las chapas se laminan y adquieren el grosor necesario. Las bachas de acero que utilizamos en nuestras cocinas atraviesan procesos como este y las empresas nos consultan acerca de cómo pueden generar mejores resultados a un menor costo. Ahora bien, en los bioprocesos puede aplicarse un esquema parecido: también necesitamos producir más y mejor, pero buscamos hacerlo de manera sustentable; es decir, alterando lo menos posible al ecosistema. Para ello, las bacterias son fundamentales.

–Qué versátil es el modelo con el que trabajan. Puede ser empleado para bacterias y para trenes de laminación, dos campos tan distintos…
–El denominador común es que ambos son procesos dinámicos que pueden ser abordados a partir de ecuaciones diferenciales. De este modo, las mismas leyes físicas que gobiernan el crecimiento bacteriano pueden aplicarse a la laminación de una chapa. Son los mismos principios que, en cualquier caso, también permitirían comprender una conexión neuronal o el movimiento de un robot. A través de un software, entonces, simulamos aquello que suponemos que ocurrirá en la vida real. Las constantes que emergen del modelo se van ajustando de acuerdo a las pruebas que realizamos, con el propósito de reducir el margen de error.

–En meteorología trabajan con un modelo similar para calcular el tiempo atmosférico.
–Es exactamente igual. En meteorología se realizan cálculos y ecuaciones para obtener probabilidades e ir precisando el modelo para que, lo que se ensaya en el ámbito teórico, tenga correlato con el tiempo atmosférico que finalmente tenemos. La única diferencia es que los meteorólogos trabajan con sistemas caóticos y los nuestros no lo son.

–No es común ser ingeniera y dedicarse a la investigación. Lo digo porque, en general, los estudiantes de estas carreras son absorbidos muy pronto por el sector privado.
–Seguro; ello es así porque la demanda de la industria es muy grande. Antes de egresar muchos dejan la carrera porque acceden a condiciones de trabajo favorables. Este es uno de los mayores desafíos que deben encarar las ingenierías en todo el país. Lo que nosotros tratamos de decirles para que se reciban es que las primeras ofertas de trabajo pueden ser tentadoras, pero recibirse y tener el título les va a servir para toda la vida. De lo contrario, se convierten en estudiantes avanzados de por vida pero nunca son profesionales. Hay muchísimos que suspenden sus estudios cuando les restan muy pocas materias y retoman después de varios años porque advierten que el mercado laboral ya no les ofrece tanto como cuando era más jovencitos. Y el plus es mucho mayor si hacen carrera académica.

–¿Usted por qué se quedó?
–Porque me enamoré de lo que hacía y sigo haciendo. Hacer investigación te brinda una posibilidad muy linda, que implica poner a disposición todo lo que sabés para tratar de modificar algún aspecto de la realidad. Nunca fui a una entrevista laboral, ni siquiera sentí curiosidad por hacer otra cosa. Esta opción por la academia me permite ejercer la creatividad de una manera muy importante; una libertad que en la empresa no existe.

–Fue la primera graduada de la carrera, ¿se modificaron las condiciones de acceso y participación de las mujeres a la ingeniería?
–Soy hija de padres ingenieros, por lo que para mí nunca fue una carrera de hombres. Recién me di cuenta de que no era una carrera para mujeres cuando comencé a cursar; ya que todos mis compañeros eran varones. Por supuesto que tuve muchos problemas con docentes, pero no me quedó otra que aprender a defenderme con las herramientas del conocimiento y del estudio persistente. Tradicional e históricamente las ingenierías han sido tierra de hombres; mi mamá estudió ingeniería eléctrica en la Universidad Nacional de La Plata y siempre contaba que ni siquiera había un baño para nosotras. Hoy la realidad es distinta; las chicas que escogen esta carrera disponen de un contexto diferente. Hoy, como ayer, hay que seguir trabajando, resistiendo, para generar mejores condiciones.



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