Universidad Nacional del Nordeste - Facultad de Medicina

29 de Julio de 2013 | 8 ′ 23 ′′


Parasitosis intestinal, una de las enfermedades de mayor influencia en la salud poblacional

Parasitosis intestinal, una de las enfermedades de mayor influencia en la salud poblacional


En entrevista con Argentina Investiga, el especialista Jorge Horacio Espíndola explica que el ingreso de parásitos al organismo origina, en la mayoría de los casos, problemas de salud muy severos y que las estadísticas de morbilidad y de mortalidad como consecuencia de la parasitosis no reflejan la realidad. Algunas de las consecuencias de esta patología pueden ir desde convulsiones “de tipo epilépticas”, hasta un serio deterioro del sistema respiratorio.

Argentina Investiga entrevistó al doctor Jorge Horacio Espíndola, profesor adjunto de la cátedra de Farmacología de la facultad de Odontología e investigador, quien además de aportar información sobre causas, signos, síntomas y prevención de esta patología, tira por tierra algunas creencias populares como aquellas acerca de que “cuanto más grande es el parásito, peor es la enfermedad”, o que “el parasitado siempre es flaco”; “si no tiene picazón en la nariz y en la cola, no está parasitado”; “no estoy parasitado, no veo los parásitos”. Éstas y otras afirmaciones no hacen más que dilatar el diagnóstico de esta enfermedad. Para evaluar la magnitud de esta patología, el profesional calificó a la parasitosis “no sólo como un problema médico, sino más bien un grave problema sociocultural”.

-¿Es difícil diagnosticar una parasitosis?
-La parasitosis intestinal confunde a muchos profesionales que no la conocen en profundidad, no la tienen en cuenta o la descartan con análisis equivocados. Los parásitos viajan en colectivo, van al trabajo, a la escuela y están en la casa. Para que se tenga una idea, el 50% de la población infantil de nuestro país está afectada de parasitosis.

-¿Cuáles son los signos de la enfermedad?
-Existen dos formas de manifestación de la acción tóxica parasitaria. La primera podría llamarse “general”, en la que están involucrados los problemas digestivos: mal aliento, apetito inestable, constipación, diarreas, acidez, cuadros apendiculares o vesiculares, gastroenteritis, etc. Las toxinas parasitarias provocan un bloqueo de la absorción de los alimentos a nivel de la mucosa intestinal, que genera, en muchos casos, la delgadez de muchos parasitados. Un hecho curioso que presentan casi todos los parasitados es la intolerancia alimenticia denominada discontinua: “Hoy sí, mañana no”.

La segunda manifestación es la tóxica propiamente dicha. Se desarrolla lejos de donde los parásitos están alojados y lo hace por intermedio de sus toxinas. En estos casos hay que advertir a pacientes y profesionales que cuando existe una sintomatología típica de una enfermedad determinada que, tratada convenientemente, no tiene como resultado la mejoría, “sientan la necesidad de pensar en una posible parasitosis intestinal”. Años de observación, recopilación de datos, estadísticas severas, interrogatorios exhaustivos, respaldan esta posición.

-En los niños ¿qué síntomas presenta la parasitosis?
-Algunos son picazón en la cola, la nariz, los ojos o los oídos. Por las mañanas, pueden encontrar la cama revuelta, debido a movimientos incoordinados durante el sueño. También pueden manifestarse casos de bruxismo. Son frecuentes los dolores de cabeza o estómago. Es común que se resfríen a menudo o tengan anginas a repetición. Suelen salir manchas en la piel o urticaria. Hay chicos que suelen tener mucho apetito pero que, a pesar de su ingesta abundante, no suben de peso.

-¿Cómo afecta esta enfermedad a los diferentes sistemas del organismo?
-Hay síntomas característicos. Por ejemplo, el sistema nervioso central; la persona parasitada manifiesta angustias, irritabilidad, insomnio, inestabilidad emotiva, desgano, pérdida de la memoria y capacidad de concentración, y trastornos de conducta en el niño escolar. Hay casos de convulsiones “de tipo” epilépticas en muchos niños, adolescentes y adultos, que son rotulados de epilépticos y son tratados con todos los fármacos conocidos para esa enfermedad. Pasa el tiempo y el tratamiento no causa efecto por un motivo de fondo: no son epilépticos, sino que tienen la sintomatología de tipo epiléptico causada por la parasitosis múltiple que presentan.

En el aparato respiratorio causan un deterioro relevante. Cuando la parasitosis intestinal es de larga data podrá dar sintomatología “de tipo asmático”. Las bronquitis alérgicas tienen en el parasitado el mismo origen y tratamiento. Crisis de estornudos; síntoma frecuente y molesto, que se asocia a picazón y secreción nasal y ocular, sinusitis. A nivel periférico, en el aparato circulatorio, la parasitosis puede provocar calambres, hipotensiones rebeldes a todo tipo de tratamiento clásico, debido a que los parásitos segregan sus toxinas y una sustancia llamada histamina, vasodilatadora, que provoca la caída de la tensión arterial y causa cansancio, decaimiento, mareos y cefaleas. Las cefaleas del parasitado se deben a la acción histamínica. También, las úlceras varicosas de antigua data, que con todos los tratamientos clásicos no cierran, se deben a que las toxinas parasitarias provocan que esa zona esté mal irrigada, por tanto, el organismo no puede regenerar la zona ulcerada.

Muchas veces, los padres consultan por aparición de Enuresis (chicos que se orinan en la cama) que no siempre implica trastornos afectivos o de conducta. En adultos, prostatitis, cistitis a repetición, pielitis, nicturia, hematurias, úlceras o lesiones en glande, impotencia sexual e incontinencia urinaria.

-¿Quiénes sufren de parasitosis intestinal?
-Las enfermedades parasitarias afectan a diversos grupos de poblaciones de todas las edades y sexos. Las cifras de infección varían de acuerdo con las características ecológicas, humanas y sociales. El conocimiento acerca de la distribución y prevalencia de las infestaciones y enfermedades parasitarias es insuficiente, por los precarios recursos para su estudio y control epidemiológico. En las zonas rurales, no hay niño que se salve de alguna enfermedad parasitaria y que, en general, están afectados, al mismo tiempo de varias de ellas como consecuencia de la desinformación y la imposibilidad de resolución del problema. Sin embargo, en las principales capitales del país también se encuentra un panorama similar.

-¿Qué medidas de prevención es conveniente tener en cuenta?
-En realidad se trata de acciones sanitarias de alto costo y que consisten, fundamentalmente, en saneamiento ambiental y de recursos hídricos; mejoramiento de la viviendas y sus facilidades de higiene individual y familiar; control de los vectores; mejoramiento de la nutrición y la higiene de los alimentos; educación sanitaria individual y de grupo, tanto para los enfermos como para sus familiares; profilaxis farmacológica poblacional; vacunaciones parasitarias (que están en fase experimental). Por supuesto, un chequeo médico anual con un profesional capacitado que aborde la enfermedad con seriedad, para la detección y erradicación de la parasitosis intestinal.

Es llamativo que en la mayoría de los hospitales no existan servicios especializados en Parasitología. En muchos casos, se cree que una parasitosis ya no existe, pero en realidad es que no se la diagnostica.

-¿El tratamiento de desparasitación es complicado?
-Para nada. Eso sí, es de suma importancia hacer un tratamiento continuo cada cuatro meses, tomar la medicación correctamente, sin ningún tipo de interrupción. Sabido es que viviendo en zona parasitada, eliminar por completo los parásitos es utópico, pues diariamente el medio ambiente favorece su reingreso. Los parásitos que traen problemas serios son los antiguos y no los nuevos. Haciendo tratamientos periódicos logramos que el paciente esté libre de esa sintomatología. Otra buena medida es que el tratamiento se extienda a toda la familia, ya que de otra manera la curación se hace lenta o imposible.

-¿Por qué se hace hincapié en desparasitar a toda la familia?
-Están los contagios interhumanos, los besos, los abrazos, las toallas, las servilletas, la suela de los zapatos, las mascotas, el baño, las moscas y las cucarachas; cuando se hace la cama y se baten las sábanas, muchos vuelan y penetran por nariz y boca. Como se ve, es imposible no contagiarse dentro del grupo familiar; de ahí la importancia de su tratamiento y no sólo de la persona que concurre a la consulta. Quien está parasitada es la familia y también la casa.


Juan Monzón Gramajo


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