Universidad Nacional de Cuyo - Facultad de Ciencias Médicas

10 de Febrero de 2014 | 3 ′ 56 ′′




Cinco especies típicas de la zona cuyana podrían tener propiedades medicinales sobre las células cancerígenas. Un equipo de investigadores analiza estos vegetales y ya logró resultados positivos con uno de ellos: el retortuño. Los especialistas hallaron que en muy bajas concentraciones de extracto de esta especie se logra inhibir el crecimiento de las células tumorales. “Puede ser muy significativo”, afirman.

Investigadores de la facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Cuyo, dirigidos por el doctor Carlos Gamarra Luques, prueba los efectos medicinales que ciertas plantas autóctonas de la región tienen sobre algunas células tumorales, con resultados positivos en una de ellas hasta el momento: el retortuño.

Los profesionales partieron de la necesidad de nuevas opciones terapéuticas que mejoren la situación de los enfermos de cáncer, teniendo en cuenta que la enfermedad representa la segunda causa de muerte en el mundo y que su incidencia anual alcanza a más de 12 millones de personas.

Entre las múltiples especies cuyanas en las cuales la medicina describe distintos usos en el cuidado y preservación de la salud se cuentan el pájaro bobo, el chañar, el retortuño, el aguaribay y la jarilla. Son vegetales autóctonos de los cuales ya se hallan científicamente documentadas sus propiedades antiinflamatorias, antifebriles, antibióticas, insecticidas y antioncológicas. En este último caso, la información es escasa e insuficiente.

Por ello, el objetivo de la investigación es profundizar, describir y comparar las acciones antiproliferativas -aquellas que impiden dividirse y seguir creciendo a las células- sobre líneas celulares de cáncer humano de los compuestos químicos contenidos en los extractos acuosos de las especies enumeradas.

“Esto puede ser muy significativo, ya que si se lograra evitar que las células cancerosas proliferaran sería algún tipo de blanco terapéutico, algún tipo de terapia positiva para esta enfermedad”, explica a Argentina Investiga Gamarra Luques.

Cosechada en origen

El proyecto comenzó en 2011. Las hojas de estas cinco especies se hierven y de ahí se obtiene el extracto. Éste se agrega a los medios de cultivo usados para hacer crecer células tumorales “in vitro” en distintas concentraciones. “A estas plantas las obtenemos siempre en el mismo lugar geográfico. Porque la planta, dependiendo del agua o de la exposición a insecticidas, podría tener distinta composición de químicos. Nosotros la sacamos de un campo virgen, en Lavalle, donde termina el río Mendoza y vamos a cosecharla en diciembre, cuando la planta está en flor. Es importante tener en cuenta la época de la planta, y que el momento de la floración sea el momento de la cosecha.

Una vez cosechadas tenemos 48 horas para separar todas las hojas de los tallos, de los frutos, de las flores y de las raíces”, explica el docente e investigador. Específicamente, el extracto actúa sobre la célula y por distintos mecanismos hace que primero, no se divida más y, al no poder dividirse -que es una función vital para la célula-, tiene mecanismos que determinan su propia muerte.

Como resultado de los ensayos realizados, los investigadores llevaron a cabo un hallazgo interesante, según explica el director del equipo: “Esto lo hicimos en estos cinco compuestos, pero fueron muy importantes los descubrimientos que se obtuvieron sobre el retortuño, porque no había sido descripto nunca y resultó en mínimas dosis. No había ninguna propiedad antiproliferativa descripta para Prosopis (su nombre científico) y nosotros encontramos que, a muy bajas concentraciones, se inhibe el crecimiento de las células tumorales y, si les damos un poquito más, empiezan a morirse” señalaron los especialistas.

“Estamos muy contentos con esto pero, obviamente, es una investigación que recién empieza”, concluye Gamarra Luques.



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