Proyecto Pampa Azul: “Conocemos mejor la superficie de Marte que el fondo de los océanos”

Universidad Nacional de Córdoba - Facultad

11 de Mayo de 2015 | 13 ′ 10 ′′


Proyecto Pampa Azul: “Conocemos mejor la superficie de Marte que el fondo de los océanos”


La frase pertenece a Ricardo Sahade, biólogo y coordinador científico de una de las primeras misiones de Pampa Azul, el proyecto a largo plazo que Argentina puso en marcha para conocer en profundidad su espacio marítimo. Durante los próximos 10 años, distintas embarcaciones viajarán para estudiar el mar en 5 áreas estratégicas. Llevarán instrumentos sofisticados como vehículos operados a control remoto, que permiten tomar muestras sin agredir a los ecosistemas marinos.

Ricardo Sahade, biólogo de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), fue el coordinador científico de una de las primeras misiones de Pampa Azul, realizada en febrero. El área de estudio elegida fue el banco Burdwood-Namuncurá, una enorme montaña submarina ubicada al sur de las Islas Malvinas. Sahade estudia los organismos que viven en las profundidades (bentónicos), como los corales, estrellas de mar, esponjas y erizos. En su oficina de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de la UNC, el especialista comparte detalles de su experiencia con Argentina Investiga.

-Desde el punto de vista científico, ¿por qué es importante investigar el mar?
-El 75% de nuestro planeta está conformado por mares que, entre otras, cumplen la función de regular el sistema climático de la Tierra. Además, los océanos son sistemas tridimensionales desde el punto de vista biológico: por un lado están los organismos bentónicos, que viven en el fondo y no se mueven; por el otro, están los pelágicos, que habitan en la columna de agua, aunque suben y bajan pero sin estacionarse en el fondo; y finalmente está la profundidad, que constituye una dimensión aparte. Si tenemos en cuenta esta clasificación, los sistemas oceánicos constituyen el 95% de los que se pueden encontrar en toda la Tierra.

-¿Cuánto desconocemos el mundo marino?
-Es vastísimo lo que ignoramos. Conocemos mejor la superficie de Marte que el fondo de los océanos. De los ambientes terrestres se conocen, en términos generales, casi todas las estructuras químicas; pero cada vez que se sacan especies del mar en general son desconocidas, nuevas e impredecibles.

-Como por ejemplo los organismos bentónicos…
-Claro, porque no se pueden mover del fondo y es difícil llegar a ellos, extraer muestras. Esto nos lleva a una visión limitada, por ejemplo en los documentales, donde se muestran fondos de mares tranquilos y armoniosos, cuando en realidad allí se están desatando guerras químicas.

-Una expresión más bien futurista…
-Pero no tiene nada de futurista. Como las especies bentónicas -corales, estrellas de mar, esponjas, erizos, etcétera- están quietas son presas fáciles o pueden ser atacadas para ocupar su espacio. Para evitarlo, los bentónicos emiten productos químicos llamados metabolitos secundarios, que dan un sabor feo y evitan que otros organismos se les peguen o crezcan encima de ellos. Entre los que producen estas “armas químicas” están los pepinos o las esponjas, y de su eficacia dependen muchas de las especies que están viviendo allí. Por otro lado, estos metabolitos tienen una gran actividad biológica: se usan como antivirales, anticancerígenos y antibacterianos.

-¿Y qué sucede con el Mar Argentino?
-En general, el Atlántico Sur es una de las zonas más desconocidas. De Europa y las costas este y oeste de Estados Unidos, el conocimiento es enorme. Tiene que ver con los esfuerzos de muestreos puestos por las instituciones científicas.

-¿Cuán costoso es investigar los océanos?
-Explorar y estudiar en profundidad ambientes marinos requiere de muchos recursos. Primero debemos tener en cuenta los distintos espacios: los ambientes costeros; los inter-mareales (la franja que queda sumergida cuando la marea baja se retira); y luego está el sublitoral, que son zonas siempre sumergidas pero con relativa escasa profundidad. A ellos se los puede estudiar sin muchos recursos. Pero para indagar mar adentro, la cuestión cambia significativamente: se necesitan embarcaciones y sofisticados equipos de muestreo. Es decir, hacen falta muchos recursos económicos y también profesionales formados. Además de todo esto, es indispensable tener un plan.

-¿Cómo evalúa el plan Pampa Azul que lanzó Argentina?
-Implica que por primera vez tenemos un plan interdisciplinario, integrador y abarcativo para conocer y estudiar diferentes ecosistemas dentro del Mar Argentino. Está planeado para desarrollarse en 10 años y con un fuerte respaldo financiero. Es una decisión política. Considero que Pampa Azul está fijando una política de Estado en lo que se refiere a estudiar nuestro mar.

-¿Qué se hizo antes?
-Hubo trabajos muy valiosos de institutos y universidades, sobre todo de las provincias patagónicas, que trabajan en Biología o Ecología Marina desde hace mucho tiempo. Pero nunca hubo un programa nacional integral a largo plazo.

-Usted ya comenzó a trabajar en el banco Namuncurá, una de las cinco áreas en las que se centrará el plan. ¿Qué le llama la atención de esta zona?
-Es un lugar muy especial, pero se sabe muy poco de él. En sus cercanías hay hasta tres mil metros de profundidad, y en toda la superficie se llega hasta los diez mil metros. Los bancos son montañas, pero debajo del agua. Y su pico termina unos cien metros antes de llegar a la superficie. En general, su importancia biológica y científica es enorme porque son ambientes de mucha producción de energía. Para que suceda esto, en el mar hacen falta tres cosas: por un lado fitoplancton, es decir los organismos acuáticos -algas y protistas- que sirven como fuentes de oxígeno y alimentación a otras especies; luz solar; y nutrientes, como por ejemplo, nitrógeno, fósforo, potasio o hierro.

En el mar estos nutrientes están mayormente disponibles en las áreas costeras, por las rocas, la cercanía al ambiente terrestre y por la escasa profundidad. Esta dinámica hace que lo que se produce y muere sea procesado y esté disponible en la zona donde hay luz. Por lo tanto, estos ambientes se reciclan y generan mucha energía. Pero a grandes profundidades, ese reciclado no es tan eficiente. Desde el punto de vista de la producción energética, se las puede considerar zonas desérticas.

Pero en el caso de este banco, hay corrientes marinas cargadas de nutrientes provenientes de la Antártida que chocan con esta gran montaña, los nutrientes comienzan a subir y a estar disponibles en las zonas donde hay luz. Se generan ecosistemas muy ricos, que son sustento de alimentación de muchas especies. Son lugares espectaculares porque podemos ver gaviotas, ballenas, delfines, pingüinos, una gran variedad de peces... También en los fondos hay una gran riqueza de la flora y la fauna bentónica.

-¿Arrecifes de coral?
-Hay muchas posibilidades de que existan. Los arrecifes más conocidos son los de aguas tropicales, pero se encontraron últimamente varios en aguas frías. Y el banco Namuncurá es un excelente lugar para albergar un arrecife frío. Sería uno de los pocos del Atlántico Sur. Los arrecifes son zonas de mucha diversidad y abundancia, porque los corales que los generan edifican una estructura en el fondo del mar donde pueden vivir muchas especies.

-Son como pequeñas ciudades en el fondo del mar…
-Exactamente, son estructuras impresionantes. Las construyen los pólipos, unos organismos muy chicos con esqueleto de carbonato de calcio, un compuesto muy duro. Cuando se muere uno, otro crece arriba y forma una nueva casa, así sucesivamente. Luego de cientos o miles de años, se forman estructuras gigantescas de esa roca, que se llama calcita.

-Luego de estos 10 años, ¿en qué podremos traducir este conocimiento acumulado?
-Juntaremos mucho conocimiento, va a ser impresionante. En principio, podremos responder una pregunta básica: ¿qué tenemos? Conociendo los recursos, podremos planificar qué se puede explotar, hasta qué punto y qué es necesario conservar. Ahora, lo que se desconoce siempre es mucho, algo propio de la ciencia. Cuando respondés a una pregunta se abren por lo menos dos más. El desconocimiento jamás se achica, es como correr detrás de un arco iris.

-¿Por qué eligió investigar el mar y no ambientes terrestres?
-Imaginaba estar en el mar, vivir bajo el agua buceando. Miraba los documentales, a Jack Cousteau, y decía “quiero hacer eso”, estar en un barco, en un bote, involucrarme en el ambiente. Era mi fantasía. Incluso cuando comencé a estudiar, la diferencia entre estar en tierra o en el agua era total. Y por eso elegí Biología Marina. Luego te das cuenta de que lo único que cambia es la técnica, el muestreo en este caso, que te lleva un par de semanas al año. El resto estás en la oficina. Al fin y al cabo, la biología es una sola.

Un banco de historias

Desde el punto de vista geológico, el banco Namuncurá -bautizado por los británicos como “Burdwood”- es la continuación de la Cordillera de los Andes. Cuando se dividieron los continentes hace más de 200 millones de años, parte de lo que hoy es América del Sur se partió y formó lo que en la actualidad son las islas de los Estados: islas Aurora (Rocas Cormorán y Negra), Georgias del Sur, Sandwich, Orcadas y Shetland. Y también se formó el banco Namuncurá, pero este no llegó a la superficie, por eso no es considerado una isla.

Ubicado a unos cien kilómetros al sur de las Malvinas, el banco tuvo un rol importante en la historia reciente de la Argentina. Durante la llamada crisis del canal de Beagle, entre Chile y Argentina en 1978, la flota argentina se posicionó en esta zona, ya que sus aguas menos profundas le permitían esquivar el ataque de submarinos. En las cercanías del banco, también fue hundido el crucero General Belgrano de la Armada Argentina, en 1982, durante la Guerra de las Malvinas.

Un tercio del oriente del banco Namuncurá y algunas pequeñas zonas del norte fueron incluidos por el Reino Unido, atributo no aceptado por la Argentina. Desde el año pasado, el Congreso de la Nación declaró al banco Namuncurá-Burdwood como área protegida.

Sobre Pampa Azul

Pampa Azul se implementará durante 10 años y coordinará misiones en cinco áreas estratégicas de nuestro espacio marítimo, el cual alcanza los 2,8 millones de kilómetros cuadrados. Además del Banco Namuncurá se trabajará en el “agujero azul” del talud continental, el punto donde el mar se vuelve más profundo (en los mapas del colegio se visualiza claramente porque es cuando se pasa del celeste al azul). El talud donde se recogerán muestras es una pendiente muy abrupta, que pasa de algunos cientos de metros de profundidad a varios miles.

En el Golfo de San Jorge, ubicado en la provincia de Chubut, se estudiarán ecosistemas de aguas menos profundas cercanos a las costas. Otra área será el estuario del Río de la Plata, donde se juntan las aguas del río y el Océano Atlántico. El estuario es uno de los más grandes ecosistemas del mundo y, al mismo tiempo, un lugar muy especial desde el punto de vista científico, dado que no es completamente de aguas dulces ni de aguas saladas. La última zona serán las aguas marinas cercanas a la Antártida y que incluyen las islas Georgias del Sur y Sándwich del Sur.

Durante las misiones, se utilizan buques oceanográficos y vehículos submarinos controlados a distancia, sensores remotos para el monitoreo ambiental, registros automáticos en las zonas e imágenes satelitales. También se generarán bases de datos con información recogida que será de acceso público.

Las misiones comenzaron en febrero de 2014. Hubo viajes a las cinco zonas en los buques Puerto Deseado, Coriolis II y otras plataformas. Con el desarrollo de este plan, la Argentina podrá conocer las fuentes de alimentos disponibles en sus aguas, para su explotación y su conservación. Hay muchos indicios de que en varias de las zonas abordadas por las campañas científicas, entre ellas el banco Namuncurá, hay cuencas petrolíferas y gasíferas. Además, se podrá comprender en profundidad el rol que está jugando en la regulación del clima y su nivel de captura de gases de efecto invernadero, entre otros aspectos.

Numerosas instituciones del sistema científico nacional están involucradas en el proyecto Pampa Azul, desde centros e institutos de investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), pasando por distintas universidades nacionales, la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae), el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (Inidep), entre otros.

Andrés Fernández
comunicacion@rectorado.unc.edu.ar
Lucas Gianre
Prosecretaría de Comunicación Institucional


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