Universidad Nacional del Litoral - Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas

17 de Junio de 2013 | 5 ′ 17 ′′




A partir de viejas imágenes, investigadores aplicaron un procedimiento que permitió conocer cómo fue la creciente del río Salado en 1914. Los especialistas perfeccionaron un método de fotogrametría que permite obtener información métrica de los objetos registrados en las fotos, a partir de un software que genera modelos en 3D. El procedimiento servirá para analizar otros casos.

Las fotos antiguas, que muchas veces quedan olvidadas en algún cajón de la casa, pueden convertirse en fuentes valiosas de información. Así lo demostraron investigadores de la Universidad quienes, gracias a ellas y a utilizar un procedimiento fotogramétrico, pudieron conocer detalles de la gran creciente del río Salado en 1914.

Luego de la crecida que asoló a Santa Fe en 2003, ingenieros hídricos se propusieron saber qué había sucedido en otras situaciones similares, por ejemplo, en 1914, ya que se sabía que había sido importante, pero no se tenían datos hidrométricos para dar cuenta de su caudal de agua.

Sin embargo, sí existía un registro inesperado que podía ser útil: muchas fotos de la época. Imágenes en mano, los hidrólogos consultaron a Mario Gardiol, de la Facultad de Ciencias Hídricas (Fich), acerca de si con ellas se podía definir la altura del agua, un dato que podía servir para calcular el caudal.

“Correspondían a dos puentes, uno ubicado en Paso Mihura, un antiguo acceso que comunicaba Santa Fe con Esperanza; y otro, localizado en Paso Vinal. Hicimos mediciones en las fotos y luego fuimos a campo para chequearlas. Los valores fueron bastante lógicos y se los dimos a los ingenieros para que ellos implementaran sus modelos matemáticos y estimaran el caudal”, indicó a Argentina Investiga Gardiol, responsable del laboratorio de Fotogrametría aérea y terrestre. La conclusión fue que la crecida de 1914 fue menor que la de 2003, pero lo más importante fue que el examen de las fotos antiguas podía ser un procedimiento con gran potencial.

El método

Luego de esa primera incursión en el uso de las imágenes, Gardiol se propuso pulir el método para medirlas con la mayor precisión posible. “La fotogrametría obtiene información métrica de los objetos registrados en las fotos, o sea, que se pueden conocer las dimensiones de los objetos y la distribución que ellos presentan en el espacio; pero las fotografías tienen deformaciones debido a las lentes de las cámaras. Por lo tanto, es necesario, primero, conocer esas deformaciones que produce la lente para luego procesarlas”, explicó.

Luego, con las cámaras comunes, pueden tomarse fotos desde distintos ángulos, marcar puntos en los objetos registrados en las imágenes y, por medio de un software, generar modelos en 3D. El investigador aseveró que “el programa realiza cálculos matemáticos que corrigen las deformaciones de la lente y genera un modelo sobre el cual se pueden hacer mediciones”.

Con esa idea, el equipo trabajó con fotos actuales tomadas con cámaras fotográficas de las cuales conocían los errores. En una segunda etapa, estudiaron fotos históricas sacadas con cámaras de las que no sabían los parámetros para, luego, procesarlas con un software. Un tercer paso fue analizar esas imágenes desde el punto de vista de la geometría de la perspectiva.

Mediciones

Con esta metodología analizaron varias fotos antiguas del puente del ferrocarril Central Norte Argentino (actualmente General Belgrano), que cruzaba el río Salado, cerca de San Justo, construido en 1907. En 1914 la creciente lo tumbó, pero lo interesante es que los estribos de ese puente siguen actualmente de pie, lo cual resulta una referencia útil para medir la perspectiva y analizar si los datos que habían sacado de las fotos viejas eran correctos.

“Más tarde, en el lugar, hicimos distintas mediciones a cada estribo y se sacaron muchas fotografías en distintos ángulos. Por último, se procesaron las fotografías en el programa fotogramétrico y se obtuvo un modelo de líneas escalado. A partir de la comparación de diferentes distancias medidas en campo y las obtenidas en el modelo en 3D, verificamos que el modelo nos daba 1,5 centímetros de error promedio”, resaltó.

Para dimensionar la complejidad de medir en fotos antiguas, Gardiol contó que en una de ellas, que mostraba los restos de los rieles del puente, no había datos lógicos: “Más tarde noté que las vías que mostraba la foto estaban torcidas. Habían quedado así cuando el agua se llevó el puente. Fue por eso que los elementos de las vías no me permitían reconstruir la perspectiva. El desafío ahora es desentrañar con mayor profundidad el procedimiento, saber qué elementos son necesarios que aparezcan y qué distribución deben presentar en las fotos, para luego transmitírselo, por ejemplo, a un organismo público que necesite obtener información de los objetos registrados en fotografías para el desarrollo de su trabajo. Luego de terminar, podremos aplicar este método a cualquier otro caso y medir lo que sea”.


Fernando López - Comunicación científica UNL


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