Universidad de Flores - Facultad de Psicología y Ciencias Sociales

29 de Junio de 2020 | 6 ′ 58 ′′


Seguir aprendiendo después de los sesenta



Con el idioma inglés como eje, un proyecto de UFLO Universidad busca aportar herramientas a los docentes que enseñan a adultos mayores. A partir del concepto de geragogía, una disciplina que estudia la metodología y las técnicas que se aplican en la educación y la enseñanza en la tercera edad, los especialistas recomiendan tener paciencia y despojarse de prejuicios, factores claves para lograr un buen funcionamiento de la clase.

En el sistema educativo, las ofertas destinadas a personas mayores no suelen contemplar la multiplicidad de perfiles que pueden encontrarse en un aula. Es por esto que un equipo de investigadores de UFLO Universidad lleva adelante un proyecto que busca aportarle herramientas al docente que se pare frente a un alumnado de estas características. Se trata de crear espacios donde los alumnos expresen sus motivaciones y se sientan contenidos.

A diferencia de otras etapas de la vida cuyos límites etarios son difusos (¿hasta dónde llega la primera juventud?, ¿y la adolescencia extendida?), según la Organización Mundial de la Salud uno se convierte en adulto mayor a partir de los sesenta y cinco años y puede cargar con ese rótulo durante dos décadas más, aproximadamente. Dada esta amplitud, es a veces un error considerar a este segmento poblacional como un todo uniforme.

La investigación surge como consecuencia del trabajo con UPAMI, el programa que propone un espacio universitario para adultos mayores y del que UFLO participa hace cinco años. La primera etapa se centró en la exploración de percepciones por parte de los estudiantes de UPAMI. En este segundo tramo, se intenta explorar si las capacidades necesarias para una oferta educativa eficaz para adultos mayores a nivel institucional son las adecuadas.

“La experiencia con UPAMI fue enormemente enriquecedora”, explica Marina González, coordinadora del área de Idiomas de UFLO y codirectora del proyecto a Argentina Investiga. “Cuando se enfrenta un aula de adultos mayores, uno se da cuenta de que hay un montón de cosas de las que se tiene que deshacer, porque si no, se trabaja desde el prejuicio. Uno se encuentra con clases llenas de vida, de historias, de capacidades. Y además, de mucha decisión. En el Encuentro Nacional de Mujeres del año 2019, por ejemplo, había una señora que compartió en la mesa de debate que cada vez que se inscribía en un curso, ella se ocupaba de que el docente supiera qué es lo que quería y cómo lo quería. Porque si el curso estaba diseñado para un adulto mayor, claramente su voz era necesaria. Por eso, hay que repensar el concepto de cómo abordar una clase de adultos mayores. Otro caso significativo es lo que pasó en la ciudad de Buenos Aires con el Coronavirus: les dijeron a los mayores de setenta años que no podían salir y se organizaron, hicieron lobby y la medida quedó sin efecto. No fue que solo salieron a quejarse. El adulto mayor tal vez puede no ser económicamente activo, pero sí es socialmente activo”.

Tras indagar en aquello que los alumnos de UPAMI valoraban en los cursos de idiomas, los especialistas analizaron planes de estudios de la Ciudad de Buenos Aires y textos de formación de docentes de inglés y, prácticamente, no hallaron referencias al adulto mayor como contenido de enseñanza, ni tampoco sobre el concepto de geragogía, una disciplina que estudia la metodología y las técnicas que se aplican en la educación y la enseñanza en la tercera edad. Tener paciencia y despojarse de prejuicios son factores claves para lograr un buen funcionamiento de la clase.

“El docente tiene que saber que tiene un público enfrente que tiende a ser maltratado y dejado de lado –señala Marina González–, entonces, se necesita aclarar el espacio primero, aclararle que va a poder aprender, que no se lo va a tratar como que no puede. También hay que considerar la multiplicidad de niveles, porque los perfiles de historias y de personas varían: o tiene sesenta o tiene setenta, pueden haber estudiado en la secundaria o pueden no haber tenido jamás inglés, pueden haber sido autodidactas. La cantidad de experiencias de vida que recibís en esa aula es innumerable, entonces, se necesita ser versátil y contenedor. Generar una autoridad consensuada, de manera que vean que uno está entendiendo a cada uno y le está dedicando el tiempo que necesita. Si el curso funciona, es porque se generó una sinergia motivacional”.

En UFLO, los docentes se encontraron con un alumnado mayormente de clase media, profesionales algunos, cuyas motivaciones para aprender inglés iban desde comunicarse con nietos que vivían en el exterior –los hijos habían emigrado por causas económicas– hasta cumplir con una asignatura que la vida les fue postergando.

De todas maneras, no todos los docentes están preparados para enseñarle a un público de esas edades. La codirectora del proyecto menciona el caso de un docente a quien la presencia de adultos mayores le remitía a algún conflicto con sus padres. Pese a que era apreciado por sus alumnos y desarrollaba el curso en armonía, terminó abandonándolo. Por eso, el proyecto apunta a un trabajo interdisciplinario con la psicología para nutrir al docente de elementos necesarios.

Actualmente, el grupo dicta webinarios para docentes y continúa relevando documentación de los llamados NAP (Núcleos de Aprendizaje Prioritario) para verificar qué lugar se les da a conceptos como “adulto mayor” o “geragogía”. También implementaron un cuestionario de autovaloración para docentes, porque uno de los objetivos del proyecto es pensar y proponer modos de transformar algo considerado una cualidad personal, como la empatía, en una instancia de formación. En ese sentido, se trabaja en desfragmentar el concepto de sinergia motivacional en unidades de contenidos que puedan ser ofrecidas en módulos de formación.

Y en tiempos de COVID-19, ¿cómo es el vínculo con el sector que hoy corre mayor riesgo de contagio? “Desde el área de inglés –concluye la especialista–, los docentes siguen en contacto con sus grupos. Cada quince días les mandan algún chistecito, algún mensaje, alguna consigna. Lo fundamental es sostener el vínculo. Porque una de las cosas que podemos destacar del adulto mayor es la lealtad a un proyecto que lo considera y lo cuida. Puede cambiar lo que estudia un año y otro, pero no se va. Yo tengo alumnos de mi primer curso que hacen huerta, fotografías o italiano, pero no se van del Programa”.

Hernán Cortés
hernan.cortes@uflo.edu.ar
Responsable de Comunicación de la Secretaría de Investigación y Desarrollo


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