Universidad de Flores - Facultad de Psicología y Ciencias Sociales

05 de Marzo de 2018 | 5 ′ 31 ′′




Un proyecto se propone adaptar localmente la "Batería de Lectura de la Mente en el Rostro", originaria de Cambridge, Inglaterra, y así establecer normas y validar esta tarea de reconocimiento emocional, en cuyo rendimiento tienen incidencia variables como el sexo, la edad y el nivel educacional.

Alegría, asco, ira, miedo, sorpresa y tristeza. Son sentimientos que se manifiestan en nuestro rostro y a la vista de los demás. Son cotidianamente reconocibles en cuestión de milisegundos. Detectar estas emociones faciales es una capacidad de lo que en psicología se conoce como ‘Teoría de la Mente’, una habilidad para inferir estados mentales en las personas que nos rodean.

En función de esto, un estudio de la Universidad de Flores se propone adaptar localmente la Batería de Lectura de la Mente en el Rostro, originaria de Cambridge, Inglaterra, y así establecer normas y validar esta tarea de reconocimiento emocional, en cuyo rendimiento tienen incidencia variables como el sexo, la edad y el nivel educacional. Para ello, se administrará a 150 adultos jóvenes y 150 adultos mayores sin patología una versión traducida y adaptada de esta prueba. Se les mostrarán cincuenta videos, más dos de prueba, en los que distintos actores de diferentes edades, etnias y sexos representan una emoción. Los participantes deben elegir, entre cuatro opciones, cuál de ellas se ajusta mejor al video mostrado.

“La Teoría de la Mente –explica el psicólogo Pablo Gómez, director del proyecto– no es simplemente una teoría, sino una habilidad, así como la memoria o la atención, que nos permite representar los deseos, las creencias y sentimientos de los demás con independencia de los propios”.

Según el investigador, la lista de emociones básicas y los criterios para catalogar una emoción como tal varían. Una de las clasificaciones más extendidas es la de Paul Ekman, psicólogo norteamericano pionero en este campo, que sostiene que las emociones básicas son aquellas de expresión universal, innata, y que no contienen otras emociones como parte. Allí aparecen las citadas anteriormente: alegría, asco, ira, miedo, sorpresa y tristeza. Por el contrario, científicos escoceses plantearon recientemente que las emociones básicas no son seis sino cuatro, dado que consideran que el miedo y la sorpresa, así como la ira y el asco, comparten movimientos faciales y pertenecen a la misma categoría.

“Con las emociones secundarias –amplía Gómez– pasa algo similar, en cuanto a que no hay un criterio uniforme pero se acepta comúnmente que son aquellas que surgen de la combinación de emociones básicas y su expresión está más moldeada por el ambiente. Por ejemplo, Robert Plutchik, otro especialista, sostiene que el susto sería la combinación de miedo y sorpresa, mientras que la mezcla de tristeza y sorpresa daría decepción”.

La nueva batería ya está íntegramente traducida, tomando de referencia las dos versiones argentinas anteriores, y los investigadores comenzaron a administrarla en sus grupos de estudio. Con datos parciales, se revisarán nuevamente los estímulos y las opciones de respuesta ofrecidas a los participantes. El objetivo es que esta adaptación y sus normas estén disponibles, tanto para uso clínico como para investigación.

Algunas particularidades

Si bien el proyecto de UFLO transita su etapa inicial, los investigadores advierten algunas particularidades desde el punto de vista de los estímulos. Por ejemplo, reconocer emociones en rostros de personas mayores es más difícil, dado los cambios en la musculatura y la presencia de arrugas. Asimismo, también está descripto que es más sencillo reconocer emociones en rostros de personas de nuestro mismo rango etario, siendo más difícil para adultos mayores reconocer jóvenes, y viceversa. “Varios estudios indican que hay menor activación en la amígdala cerebral –órgano central para la detección de emociones– de los adultos mayores, en comparación con los adultos más jóvenes, cuando se ven expresiones emocionales, especialmente ante emociones negativas. Algunos argumentaron que las dificultades en el reconocimiento emocional entre adultos mayores podrían deberse a cambios relacionados con la edad en el volumen del cerebro social, particularmente en las áreas frontales y temporales”, explica Pablo Gómez.

“Excluimos participantes con enfermedad neurológica o psiquiátrica, que no sean de habla hispana, así como a aquellos con dificultades severas en la comprensión de consignas, o que no hayan podido completar la tarea”, agrega el especialista.

Abordaje local

Dada su relevancia como factor mediador entre los aspectos cognitivos y la adecuación social del individuo, la cognición social es actualmente un foco importante de investigación y su tratamiento en nuestro país es toda una novedad. “El desarrollo de normas locales contribuye al diagnóstico y seguimiento de patologías que presentan alteraciones en Teoría de la Mente, así como una correcta valoración de estos déficits abriría la posibilidad a un abordaje terapéutico más puntual y efectivo”, señala Gómez. De todas maneras, la Lectura de la Mente en los Ojos “adaptada” no resultó tan distinta de la original inglesa. “Siempre me gustó pensar que los latinos somos más cálidos que los británicos y que por eso tendríamos un mejor desempeño en este tipo de tareas, pero la evidencia no parece demostrarlo”, cierra el psicólogo.

Hernán Cortés
hernan.cortes@uflo.edu.ar
Responsable de Comunicación de la Secretaría de Investigación y Desarrollo


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