Libros de autoayuda: un género de época

Universidad Nacional de Córdoba - Facultad

06 de Mayo de 2019 | 8 ′ 12 ′′


Libros de autoayuda: un género de época


Casi un cuarto de los lectores en Argentina consume este tipo de literatura, caracterizada por fomentar la individualidad y ofrecer recetas o un conjunto de pasos repetibles y generalizables para alcanzar una solución a los problemas personales. La incertidumbre y la sensación de fragilidad que generan los cambios en la sociedad contemporánea, entre los principales factores que explican el creciente interés por este tipo de textos.

Si bien sus orígenes se remontan a la década del ‘30, la literatura de autoayuda es un fenómeno que creció exponencialmente en los últimos 40 años, al calor de las transformaciones de la sociedad contemporánea.

De acuerdo a las estadísticas de la Cámara Argentina del Libro, la categoría “astrología, esoterismo y autoayuda” representa alrededor del tres por ciento del total de libros editados en Argentina, al menos durante los últimos cinco años. Y la Encuesta Nacional de Consumos Culturales del Sistema de Información Cultural de Argentina, del año 2013, refleja que el 23 por ciento de los lectores consumen ese tipo de textos.

Vanina Papalini es directora del Programa de Investigación Transformaciones culturales contemporáneas del Centro de Investigaciones sobre Sociedad y Cultura (Conicet-UNC). Desde 2004 estudia el fenómeno, tanto desde el punto de vista de la producción editorial como desde la recepción, es decir, sus lectores.

Para ella, los libros de autoayuda pueden ser considerados como una “biblioterapia”, es decir, una terapia que utiliza a los libros como herramienta fundamental en el tratamiento de las dolencias y como guía para la vida.

Las biblioterapias tienen su propia historia y función dentro de la medicina. Sin embargo, la que se enmarca en la categoría de autoayuda asume ciertas particularidades, como fomentar la individualización, atribuyendo los distintos males (su origen y desenlace) al ámbito personal. Para dar un panorama más claro, Papalini cita a otros investigadores: “Nos hablan de buscar soluciones biográficas a contradicciones sistémicas".

Para el estudio, Papalini trabajó con un corpus amplio de libros. Sus autores son, en general, de origen anglosajón, estadounidenses en su mayoría, pero también hay algunos escritores locales y otros de origen francés.

Entre los consultados se encuentran best sellers como “Los hombres son de Marte, las mujeres son de Venus” (John Gray), “Los seis pilares del éxito” (Stephen Covey), libros de Pilar Sordo y el clásico “Cómo ganar amigos e influir en las personas” (Dale Carnegie), un texto de 1936 que sigue reeditándose y fue utilizado como el prototipo de la autoayuda en sus orígenes.

Para la investigadora, la literatura de autoayuda puede también ser entendida como una “técnica”, un “mecanismo de adaptación” a las exigencias de la época. “Los libros de autoayuda tienen una función clara en relación a la subjetividad. Poseen una orientación bien instrumental, ya que deben ofrecer solución a un problema. En general, terminan ofreciéndola con una especie de prescripción o un conjunto de recetas o pasos, que son la forma sintética en la que se alcanza el objetivo. Nos ofrecen un procedimiento regulado, repetible, generalizable”, resume Papalini.

Precisamente, esta última característica (“generalizable”) es la que marca la principal diferencia con el campo de la psicología (con el cual la autoayuda tiene una relación de amor/odio), porque esta disciplina toma cada caso en su contexto y en su singularidad. Otros elementos que distancian ambos campos son la velocidad de la solución ofrecida y la posibilidad de gestionarla de modo individual.

Género contemporáneo

La investigadora encuentra una clave importante para entender el fenómeno en las características de la época. Se remonta a la década del ‘80 –punto de corte de la contemporaneidad– para anclar el origen de este cambio societal, que va, según explica, desde la "retracción del Estado, en cuanto a la protección que ofrece, a esa inseguridad existencial que empieza a aparecer con las nuevas formas de contratación laboral”.

“De esos cambios –continúa Papalini– tomamos nota a través de ciertos síntomas. Uno es la sensación de incertidumbre que tienen los sujetos. En América Latina, esto tiene como telón de fondo la crisis, que es un estado permanente. Entonces, más demandado y en un contexto de mayor fragilidad, el sujeto la pasa peor. Tiene muchas más chances de sufrir. Y es ahí donde el libro se vuelve una herramienta para ayudar a resolver, o una muleta para andar un poco mejor, pero no necesariamente alcanza”, completa.

Por otro lado, es necesario entender a estos libros en el marco de la cultura masiva, caracterizada por sus productos seriados y comercializables. Justamente, una de las características de la autoayuda es que está en sincronía con la lógica del mercado.

"Una vez que un conjunto de ideas, o una narrativa o, inclusive, un personaje funcionan bien, se sacan reversiones infinitas. Existe, además, un aprovechamiento máximo: sale el libro y también el almanaque, un conjunto de aforismos para cada día de la semana, la agenda, el audiolibro, etcétera. En ese sentido, son plenamente coherentes con la lógica del gran mercado editorial transnacional”, apunta Papalini.

Las culturas terapéuticas

A medida que avanzaba en la investigación, Papalini sintió la necesidad de moverse al polo de la recepción, es decir, no limitarse al dispositivo “libro”, sino ver cómo funcionaban en su lectura, interpretación y uso por parte de las personas.

El método utilizado por el equipo es cualitativo. No hay una selección de muestra, sino que se usa la técnica de la entrevista en profundidad, ubicando informantes por contacto tipo "bola de nieve". Se tomaron entrevistas en Córdoba, fundamentalmente. Hasta ahora llevan unos 20 casos y esperan llegar a 80.

Ni bien empezó a transitar ese espacio de la “recepción”, la investigadora se encontró con “gente que sufre, que padece, que no la pasa bien”, y los libros son un recurso, pero no el único, con el que tratan de ayudarse para resolver estos problemas.

Así surgió el concepto de “culturas terapéuticas”, que refiere a una popularización del uso de todo un "conjunto de terapias que, con mayor o menor fundamento, ocupan el mismo espacio que antes cubrían exclusivamente el médico y el psicólogo”, define la especialista.

Esa gama de terapias o estrategias varía de acuerdo al nivel socioeconómico. “En los grupos medios y altos, la gente realiza talleres de meditación o constelaciones familiares, por ejemplo. En sectores más populares, en cambio, se forman grupos de ayuda mutua, a veces vinculados a iglesias (evangélicas por lo general), y también aparecen recursos y creencias que pueden estar vinculados a la medicina popular, al curanderismo o la santería”, señala Papalini.

Todo este arco de soluciones responde a un problema: “la transición de modelos de capitalismo”. Esta transición lleva a que una parte de la población “sea expulsada”, y que otra parte “se tenga que adaptar”. “La escuela ya no provee esta adaptación, Entonces, todo este mundo de aprendizaje informal, si se quiere, nos vuelve sujetos más adaptados a los nuevos modelos existentes”, subraya Papalini.

Pero, más allá de la intencionada adaptación que pueden proveer los libros y todo el arco de terapias, en los lectores y usuarios hay siempre un grado de libertad que es importante destacar.

“Una cosa es el dispositivo que se aplica y otra es cómo se aplica, y en eso hay ciertos grados de indeterminación. Sería muy ligero decir que estos libros, o el conjunto de la cultura, modelan absolutamente lo que somos. Si bien somos sujetos, tenemos esta capacidad de trabajar sobre nosotros mismos y lograr ciertos niveles de autonomía, que tienen que ver no sólo con lo que se nos ofrece, sino con el modo en que experimentamos la vida con otros”, concluye Papalini.

Andrés Fernández
comunicacion@rectorado.unc.edu.ar
Eloísa Oliva
Prosecretaría de Comunicación Institucional


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