Universidad Nacional de Lanús - Departamento de Planificación y Políticas Públicas

12 de Septiembre de 2016 | 10 ′ 39 ′′


Los socios del silencio, el bombardeo a Plaza de Mayo y el golpe militar del ‘55



A más de 61 años del bombardeo a Plaza de Mayo, donde murieron 308 personas y 1.000 resultaron heridas, investigadores de la Universidad de Lanús se interrogaron acerca de cómo sucedieron los hechos, cómo fueron contados y cómo fueron callados. La investigación, que comenzó en 2005 y aún se mantiene, hace eje en pensar las políticas de la memoria sobre el golpe de Estado de 1955.

Trescientas ocho personas que caminaban por la plaza, que viajaban en colectivo, que iban a trabajar, que hacían un trámite, que paseaban, que volvían de la escuela, que salían a almorzar. Todos fueron sorprendidos con estampidos ensordecedores. Catorce toneladas de explosivos tirados a la Plaza de Mayo, a la Casa Rosada y sus alrededores. Bombas que cayeron desde aviones de la marina de guerra y la aeronáutica argentina con un objetivo: matar al Presidente Perón.

En 1952, Juan Domingo Perón asumía por segunda vez la presidencia de la Nación. Había ganado con el 62 por ciento de los votos. Las políticas de pleno empleo, los planes de viviendas, la nacionalización del ferrocarril, la construcción de miles de escuelas primarias y secundarias, la gratuidad de la enseñanza universitaria, el voto femenino, la reducción de la jornada laboral a 8 horas, las vacaciones pagas y el aguinaldo fueron algunas de las políticas impulsadas desde que el peronismo llegó al poder.

Trescientas ocho personas transitaban por las inmediaciones de la Casa Rosada el 16 de junio de 1955.

Las políticas populares que transformaban a los trabajadores en asalariados eran mal recibidas por los sectores oligárquicos de la sociedad, algunos del ejército y otros de la iglesia. Los beneficios de los que siempre había gozado la clase dominante ya no eran tales. El pueblo se empoderaba: por primera vez en la historia argentina los pobres no eran esclavos. La salud, la educación y la vivienda eran derechos consagrados por la ley.

En el bombardeo Perón no murió. Pero trescientas ocho personas fueron sorprendidas por las bombas y los disparos de ametralladoras y murieron. Mil quedaron heridos. Así fueron los meses previos al golpe militar de 1955, que se completó en el mes de septiembre de ese mismo año.

Hace poco más de diez años un equipo de investigación de la Universidad de Lanús, dirigido por el antropólogo e investigador Juan Besse, se interrogó acerca de cómo sucedieron los hechos, cómo fueron contados y cómo fueron callados. A sesenta años del bombardeo, Argentina Investiga dialogó con Besse.

-¿Cómo empezó la investigación y de qué se trata?
-Empezó en 2005/2006 en la UNLa, con un equipo que aún se mantiene. La investigación hace eje en pensar las políticas de la memoria sobre el golpe de Estado de 1955. Nos propusimos trabajar sobre distintos modos de rememoración y conmemoración del golpe; las políticas de la memoria sobre ese año uno podría pensar que son, en algún sentido, asimilables a las referidas a la última dictadura militar.

-¿Y es así?
-Muchos de los hechos que ocurrieron en el ‘55 son crímenes de lesa humanidad. La investigación se propone, también, conectar los acontecimientos del ‘55 y el tratamiento que recibieron con lo que sucedió después del ‘76. La marina y una parte de la aeronáutica fueron las que bombardearon en junio. Lo que resulta interesante es que todo lo que tiene que ver con pensar y rememorar la última dictadura militar es lo que, de alguna manera, lleva a hacer un repaso de lo que pasó en 1955. Muchos de quienes estuvieron al frente del bombardeo del 16 de junio van a formar parte de los cuadros represores de la última dictadura militar, Suárez Mason, Massera, entre otros.

Tal vez, la pregunta inicial de la investigación fue si esto no fue olvidado, ¿de qué manera opera el silencio con esos acontecimientos? ¿Cuáles son las causas del silencio? En la medida que empezamos a trabajar con este tema, el asombro fue tremendo. Al punto de descubrir en textos de José Luis Romero de 1965 y de Tulio Halperín Donghi de 1964, historiadores referentes de la historia política argentina, que ambos autores trazaron un paralelo entre lo que fue la masacre de civiles en la plaza el 16 de junio y lo que fue la quema de las iglesias esa misma noche luego del bombardeo. Tanto en Romero como en Halperín Donghi, hay una suerte de prefiguración de la teoría de los dos demonios a partir de la equivalencia que trazan. Ninguno de los dos dice que hubo muertos. Por eso, uno de los ejes de la investigación se basa en cómo fue descripto y silenciado el bombardeo.

-¿Y qué otras cosas se propusieron con la investigación?
-Tratar de pensar en qué consisten las políticas de la memoria y de qué manera se usa ese término, a veces un poco metafórico y algo laxo. Lo que vimos a lo largo de la investigación es que las políticas están trabajadas en distintos niveles porque además operan en distintos niveles, por ejemplo, cuando el Estado toma como propio el desafío de impulsar políticas de DDHH; esas políticas suponen políticas de la memoria. También se pueden pensar las políticas de la memoria en términos de reparación, reparaciones materiales y simbólicas: convertir a la ex ESMA en diferentes espacios culturales, la construcción de monumentos, la colocación de placas, la toponimia de las calles. Todo eso hace un trabajo que supone nombrar lo que sucedió y que da lugar al levantamiento de silencios.

-¿Qué había y qué hay en políticas de la memoria?
-Hasta 2005 no hubo políticas de la memoria respecto del bombardeo; políticas en el sentido de políticas públicas, salvo acciones muy aisladas, emprendimientos en soledad. Desde ahí en adelante sí hubo una proliferación de trabajos sobre ese hecho: documentales, actividades de las universidades, concursos, informes, investigaciones, colocación de placas, emplazamiento de un monumento, entre otros emprendimientos.

En 2010 se hace el primer Informe sistemático del Estado argentino con la reconstrucción rigurosa del listado total de víctimas [1]. Aunque la rememoración año a año es más tenue de lo que uno desearía. No se insiste en el tema en relación a la magnitud del acontecimiento.

-¿Qué te motivó a investigar sobre el bombardeo?
-Razones políticas e intelectuales, sin duda. En lo personal, algo del orden de la transmisión también; mi abuelo estaba cerca de la Plaza de Mayo el 16 de junio del ‘55. Ese día volvió muy tarde y con la ropa toda sucia, se tuvo que refugiar debajo de un colectivo. Mi abuela Inés siempre contaba que, por lo que había visto, mi abuelo lloró toda la noche. Cualquier persona que haya tenido una cierta edad ese día no puede olvidar lo que pasó. Los silencios son estatales, gubernamentales, políticos, pero la gente que tuvo una vivencia así, o incluso no tan directa, no se olvida de acontecimientos de esa naturaleza.

Los hechos, los antecedentes

“El hecho es excepcional; se trata de un sector de las Fuerzas Armadas que bombardea el centro histórico de la ciudad, la residencia presidencial y otros objetivos, sin mediar aviso para llevar adelante el derrocamiento del Presidente en ejercicio. No hay antecedentes en el mundo de bombardeos a la población civil con esas características. Tenemos el caso paradigmático de Guernica, que fue algo así como un ensayo llevado adelante por la aviación alemana e italiana en apoyo a la avanzada del franquismo sobre la República. Pero eran básicamente aviadores alemanes e italianos y produjo 87 víctimas, no 308”, aseguró Besse.

“El primer bombardeo del que se tenga noción sobre una población civil lo produjo Italia a la población libia, en un contexto de usurpación, de guerra colonial. No hay antecedentes en el mundo de que las fuerzas armadas de un país bombardeen a su propia población sin mediar declaración alguna. En ese sentido es verdaderamente excepcional. Me gusta recordar un dato: en los bombardeos de Alemania y Gran Bretaña, en el contexto de la segunda guerra mundial, se mantuvieron ciertas normas de cortesía hasta el verano de 1940, es decir, se trataba de no bombardear a la población civil. El primer bombardeo alemán a la ciudad de Londres que produce muchas víctimas civiles fue el 15 de agosto de 1940; las víctimas fueron 62. Pensemos que era en la segunda guerra mundial, una de las guerras más crueles. El bombardeo del 16 de junio de 1955 en Argentina produce en unas pocas horas 308 muertos”.

-¿Las muertes fueron producto sólo del bombardeo?
-No. Cuando aparentemente los aviones dejaron de tener bombas, y antes de refugiarse en Uruguay, muchos siguieron haciendo vuelos rasantes disparando a la población con ametralladoras. Hay que tener en cuenta que el bombardeo empezó cerca de las 12 del mediodía. En los días previos había sido la marcha opositora al gobierno en el día de Corpus Christi y se había quemado una bandera, a raíz de eso hubo una acusación a los opositores. Por ese motivo, algunas personas se juntaron en la Plaza, por ese desagravio que, supuestamente, le iban a hacer a la bandera. Cuando comenzó el bombardeo se produjeron las primeras víctimas y, obviamente, hubo una situación de defensa de la Casa Rosada con las artillerías antiaéreas y los granaderos. Mientras el bombardeo continuaba con intermitencia, muchos trabajadores se movilizaron hacia la Plaza en apoyo al gobierno. Cuando estaba por producirse la rendición, los aviadores antes de retirarse realizaron vuelos rasantes con ametralladoras por la zona: en la CGT, el bajo (Leandro Alem) y en Avenida de Mayo. Una parte de las víctimas fue producto de los ametrallamientos de la tarde y no de los bombardeos de la mañana. El saldo: más de 300 muertos y 1.000 heridos, algunos con mutilaciones muy graves.


Marcela Repossi


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