Universidad Nacional de La Matanza - Instituto de Medios de Comunicación

13 de Mayo de 2013 | 6 ′ 39 ′′




Los jóvenes las perciben como una herramienta fundamental para la adquisición del conocimiento. Mediante un estudio en el que se recolectó información acerca de las expectativas de los alumnos que comienzan la Universidad, profesionales confirmaron la demanda de una enseñanza que incorpore el “lenguaje tecnológico”. Para los especialistas, el formato de clase tradicional no se adapta al nuevo perfil de estudiante.

Con el nuevo año lectivo de las universidades nacionales y la aparición mediática recurrente de los “bochazos” en los ingresos a las carreras técnicas, más la difusión de los altos niveles de deserción, surgen diversos interrogantes sobre las estrategias que la educación superior implementa para incorporar con éxito a nuevas generaciones de estudiantes en la formación académica.

En este contexto, un estudio del laboratorio de Investigaciones Educativas de la Universidad indagó sobre las percepciones y expectativas de aprendizaje en el nivel superior que tienen los estudiantes del último año de la formación media, y concluyó que la principal demanda de los futuros alumnos universitarios es la incorporación a su formación de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC’s), para acompañar a las herramientas de estudio tradicionales.

“Dentro de las estrategias de enseñanza tradicionales está el lenguaje verbal, la clase expositiva que todos conocemos; el lenguaje textual, que es el material escrito, la bibliografía; y el lenguaje corporal, que son las pasantías o trabajos de campo. Lo que esta investigación muestra es que los alumnos también requieren de aquello que podríamos llamar ‘el lenguaje tecnológico’, la utilización de las nuevas tecnologías”, explica a Argentina Investiga el doctor Javier Nicoletti, jefe del laboratorio.

Según sostiene el investigador, esta necesidad expresada por los jóvenes se explica en que “los cambios que han acontecido en la sociedad en los últimos años han sido muy fuertes, y el alumno de hoy es lo que podría denominarse un ‘alumno multifunción’, que en sus espacios de aprendizaje, dentro y fuera del colegio, interactúa en forma permanente con las TIC’s, y que, por otro lado, asocia sus momentos de ocio con la tecnología, por lo que es un nuevo tipo de perfil que ya no puede desprenderse de esas tecnologías”.

En este sentido, Nicoletti aclara que “el término ‘nuevas tecnologías’ no se refiere sólo a una conexión a Internet, sino que existe multiplicidad de programas que facilitan la compresión de textos o el análisis de la información, que desarrollan modelos de simulación o que, incluso, permiten la participación virtual de algún especialista de otros lugares del país o del mundo”.

“Los alumnos quieren aprender, pero el formato de clase de exposición oral del docente no les permite asimilar todo el conocimiento que pretenden”, explica el especialista, y detalla que, en tanto asocian educación con superación personal y que su principal motivación para elegir una carrera es su vocación, “la Universidad se presenta como un espacio de crecimiento que desean aprovechar al máximo, e interpretan que, para ello, a esos lenguajes textuales, verbales y corporales debe sumársele el lenguaje tecnológico”.

Un desafío para la academia

Para Nicoletti, este cuestionamiento de los jóvenes “presenta un desafío para las universidades, que deberán discutir cómo las nuevas tecnologías pueden encontrar un lugar dentro de la formación de un alumno”, y advierte sobre la complejidad de la empresa, que radica en que “muchos de los profesionales de la docencia se han educado bajo un sistema determinado y, al momento en que pasan a ocupar el lugar de formadores, lo más lógico es que repitan las estructuras que han recibido; allí radica la importancia de la formación y la capacitación permanente”.

No obstante las dificultades generacionales propias, el investigador subraya que “hoy día, por lo menos en la experiencia de la UNLaM, los docentes entienden que la tecnología es una herramienta que puede acompañar la enseñanza, y cada vez más carreras trabajan en los laboratorios”. “Tomando como base el análisis de los alumnos que ingresan año tras año, nuestra Universidad apunta a lograr la incorporación de diversos medios tecnológicos que acompañen el aprendizaje”, expone.

En la misma línea, Javier Nicoletti revela que la estrategia de la Casa es conocer de forma certera y precisa el tipo de alumno que busca formarse en la Universidad, que “tiene la responsabilidad y el objetivo de tratar siempre de mejorar su calidad educativa”. “Ése es el objetivo del laboratorio: a partir de procesos de recolección de información que sean válidos, rigurosos y fiables, evaluar una realidad educativa determinada, y generar un conocimiento que permita valorar y actuar sobre ella, con el fin de optimizar las funciones de la docencia, en un camino hacia la mejora permanente”, apunta.

De la transmisión de información a la transferencia del conocimiento

Como indica el jefe del laboratorio, en la actualidad “el debate central es diferenciar transmisión de información y transferencia de conocimiento”. Al respecto, sugiere que “proponerse presentar una clase con el objeto de transmitir una información determinada tal vez ya no sea lo más efectivo” ya que, muchas veces, los alumnos cuentan con información y “no necesitan exclusivamente del docente para adquirir determinados conceptos”.

“Una fórmula matemática o los aspectos principales de la teoría de un autor pueden encontrarse en la red con un lujo de detalles magnífico. Lo que diferencia al docente del alumno es su capacidad para transferir conocimiento, es decir, que el alumno logre asimilar cuáles son las lógicas que subyacen al tema abordado, promoviendo su investigación y despertando su interés. En este sentido, me parece que las nuevas tecnologías, ‘el discurso tecnológico’, son un apoyo importante en esta transferencia”, reflexiona Nicoletti.

En esta sintonía, el investigador acentúa que el arte del docente con su alumno es “enseñar a conocer”, y recalca que, en consecuencia, “el docente nunca debe dejar de lado su preocupación por la transferencia del conocimiento, y tiene la obligación de estar permanentemente actualizado sobre las vías que tiene ese conocimiento para hacerse presente en un aula. Las nuevas tecnologías y el discurso verbal deben unirse e interactuar con el único objetivo de que la transferencia del conocimiento sea el principal valor de la formación universitaria”.


Javier D’Alessandro


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