YPF, la conquista social

Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco - Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales - Sede Comodoro Rivadavia

11 de Marzo de 2013 | 7 ′ 15 ′′


YPF, la conquista social


El politólogo Sebastián Barros brindó una conferencia donde analizó, con un sesgo principalmente social y político, tanto al trabajo petrolero en la ciudad de Comodoro Rivadavia, como al trabajador y la desigualdad salarial. La recuperación de la soberanía energética, según el especialista, no se refleja en la integración social y para ello, insta a activar el rol de las universidades como generadoras de oportunidades de identificación y compromiso.

La recuperación del 51% de las acciones de YPF en manos del Estado abre un amplio debate y comienzan a plantearse asuntos que van más allá del mercado, o de cuestiones meramente económicas. Hay una recuperación de la soberanía energética y generación de puestos de trabajo. A esta lectura, sin dudas positiva, Barros contrapone un lado oscuro en relación a la ciudad: “Asumimos que si el funcionamiento económico es medianamente aceitado, si las fuerzas del mercado funcionan de forma articulada, vamos a vivir en una sociedad integrada, más agradable y menos conflictiva.

Comodoro es un excelente ejemplo de que no es así; de que el mercado funciona y, sin embargo, no nos encontramos con una sociedad integrada. Por el contrario, existen altos niveles de conflictividad social, violencia cotidiana, problemas en el sistema educativo, etc. Ése es el primer presupuesto que hay que desmontar: que la economía funcione, que el mercado funcione no implica que vivamos, necesariamente, en una sociedad integrada” indicó Barros en la conferencia relevada por Argentina Investiga.

Las tres desigualdades

Claramente, existe una desigualdad laboral y salarial que los mismos trabajadores perciben. En relación a ello, Barros destacó: “Hay trabajo pero siguen existiendo fuertes desigualdades. Hay una heterogeneización de esa integración social, mucha disparidad salarial. Yo creo que esas desigualdades están en la base de la forma poco integrada en que vivimos en las comunidades de la cuenca del Golfo San Jorge”.

Según el politólogo, existen tres formas en las que se expresan desigualdades básicas: una, entre Estado, empresas operadoras y pequeñas y medianas empresas (pymes): “Las pequeñas y medianas empresas son las que más sufren la desigualdad, porque son el pescado más chico de ese lago de petróleo. Tiene presiones sindicales, de las operadoras y fiscales-estatales. Es el lugar donde se van a generar pequeñas conflictividades. Esas situaciones que se generan en esas empresas son las que luego uno ve reflejadas en la vida cotidiana, en el tránsito, en el comportamiento de las personas, en el consumo cultural. Las universidades tendríamos que pensar y analizar qué formas puede haber de organizar la relación entre Estado, operadoras y pymes”.

La segunda forma de desigualdad tiene que ver con los trabajadores de la industria. El problema de los “Dragones” es el más claro. “La idea de que por el mismo trabajo uno debe percibir el mismo salario no se cumple” señala Barros. Aquí, la organización de tiempo de trabajo es esencial para pensar la idea de integración social. Barros cuestiona tanto la alineación en términos de dependencia y de tener que trabajar más de 16 horas, como el rol del Estado al no intervenir y legislar sobre la problemática. De aquí se desprenden diferentes conflictos; muchos se traducen a la vida cotidiana y cómo el trabajador petrolero termina, de alguna manera, siendo discriminado.

“También necesita pensarse en el tiempo de ocio. ¿Qué hace esos tres días en los que el trabajador regresa a su hogar? ¿Qué otras opciones tiene que no sea el consumo suntuario, que generalmente las clases medias le critican? Los sindicatos tienen en ello una responsabilidad central, además de la empresa”, señala Barros.

Por último, el tercer problema está vinculado a cómo lograr que ese trabajador consiga una renta futura sin sacrificar el presente. El investigador vuelve, una vez más, a la alienación y responsabiliza a las instituciones: “El sindicato, la empresa y el Estado tienen que empezar a pensar una forma para que el trabajador pueda planificar esa renta futura sin sacrificar y alienarse en ese presente”.

Los cuatro tiempos

¿Qué tipo de vida comunitaria propicia, hasta ahora, la vida petrolera? Sabemos que la industria petrolera en la ciudad es central en la vida cotidiana. A partir de este núcleo se despliega una serie de situaciones. Barros realizó un análisis crítico de ellas y expuso cuatro tiempos donde la vida petrolera influye en la vida comunitaria: “El primer problema tiene que ver con la belleza de Comodoro Rivadavia. Todo lo que sea embellecimiento, acá es pensado como un gasto superfluo. El segundo tiempo es el tiempo del trabajo. En Comodoro hay una cultura del esfuerzo. Para trabajar hay que transpirar y hacer fuerza. Eso limita el acceso de la mujer al trabajo, es un trabajo machista. Y los problemas de violencia de género, homofobia, etc, se desprenden de esa idea de trabajo-fuerza transpiración. Ese trabajo físico también hay que ponerlo en duda.

El tercer tiempo tiene que ver con la idea de sacrificio para poder vivir en el futuro. Ese sacrificio se vincula con la cantidad de muertes violentas que hay en la ciudad. Uno de los monumentos que YPF le hace a los trabadores es en memoria de los caídos, los muertos en el trabajo. Entonces, ahí hay una idea de sacrificio que tiene consecuencias importantes y que se va diseminando a otras esferas y a otras circunstancias. La resolución violenta de los conflictos en jóvenes tiene que ver con eso. Desde el trabajo social tendría que haber una cierta intervención sobre la reintegración de la vida familiar, cierta organización del tiempo cotidiano que permita la organización de una vida distinta.

El cuarto y último es el tiempo en el cual todas esas presiones sobre el sujeto se despresurizan. Ahí, encontramos adicciones, juegos, consumos, trata de personas. Es donde el sujeto se afloja de ese tiempo de trabajo e invierte el afecto en esas otras cuestiones”.

Lograr los cambios

A modo de conclusión, el politólogo finalizó la conferencia y señaló el rol que debería tener la Universidad, específicamente, los partidos que se articulan dentro de la institución: “La única forma de cambiar es transformar el sentido común y eso implica militancia. La única forma que las percepciones del tiempo cambien es a través de cambios políticos y más compromiso con el espacio público. Por eso, la Universidad tiene un rol central. Hay que agitar políticamente la Universidad. Los partidos políticos tienen que ofrecer oportunidades de identificación. Los compromisos fuertes y la identificación necesaria para generar cambios que vienen de conflictos, de demandas y faltas; sino, todo seguirá igual hasta que explote la burbuja. Sólo sobre esas bases se generarán acuerdos. No hay que dejarse avasallar por la fuerza del mercado”.

Daniel Pichl
dpichl@unpata.edu.ar
Daniel Pichl y Norma Escalante
Dirección de prensa


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