Universidad Nacional de Río Cuarto - Facultad de Agronomía y Veterinaria

26 de Octubre de 2020 | 18 ′ 0 ′′


Leche de burra, una solución para los niños alérgicos



Desde la UNRC impulsan un polo de transferencia tecnológica para pequeños productores de áreas marginales de la zona árida y semiárida de Córdoba, Catamarca y Formosa. Docentes investigadores realizan un trabajo científico para el desarrollo de un modelo de producción de leche de burra para consumo humano, con miras a su comercialización, como paliativo para los niños que sufren de alergia a las proteínas de leche de vaca.

Los docentes investigadores del Laboratorio de Producción Equina de la Universidad Nacional de Río Cuarto integran un grupo internacional de investigación subsidiado por China con un millón de dólares. Utilizarán animales nativos y harán cruzamientos con razas de alto rendimiento de origen europeo y asiático. Quieren generar, desde la Universidad, un polo de transferencia tecnológica para los campesinos de áreas marginales de la zona árida y semiárida de Córdoba, Catamarca y Formosa, a las que podrían sumarse otras regiones.

La leche de estas hembras de la familia de los équidos posee una composición muy semejante a la humana, la más parecida de los animales domésticos. Es un producto de alta calidad, y se destaca por su tolerabilidad, palatabilidad, adecuada concentración de nutrientes y su gran cantidad de compuestos bioactivos.

“Esta es la mejor opción natural que hay en el mundo”, señala a Argentina Investiga Luis Losinno, médico veterinario, doctor en Ciencia Animal y director del Laboratorio de Biotecnología Animal, del Departamento de Producción Animal, de la Facultad de Agronomía y Veterinaria, quien viajó a China, país que destinará un millón de dólares para un trabajo científico internacional. Son 42 investigadores de cinco universidades que son financiados por el gigante asiático.

En esta oportunidad, el investigador local realizará en los laboratorios chinos un experimento preliminar, consistente en “sexarespermatozoides de burro e inseminar burras, además de congelar semen “sexado”.

El interés chino en este tipo de producción láctea se centra en que tienen once millones de burros, mientras que en la Argentina hay doscientos mil. Ellos consumen leche de burra desde hace tres mil años. Es parte de su cultura. Hay leche a disposición de los consumidores, tetrabrik o botellitas. Para ellos es una medicina. Y tienen una inmensa tradición en cuanto a la ingesta de esta leche. Además, producen péptidos –le sacan a la leche principios activos– y se los venden a la industria cosmética humana.

El aporte principal de los investigadores consiste en sexar el semen para producir solamente hembras, porque es lo que se requiere en los sistemas de producción de leche. “El proyecto nació hace cuatro años. Se centra en el desarrollo de producción de leche de burra para consumo humano. Y el mercado son los niños intolerantes a la leche de vaca. La Argentina no es un productor de esta leche, pero trataremos de que lo sea”, señaló el impulsor de esta iniciativa, en la que convergen los esfuerzos de varios investigadores de distintas universidades nacionales y de otros países.

Según datos de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica publicados en 2019, la alergia a la proteína de leche de vaca provoca siete mil nuevos casos por año en el país, el triple de lo que se registraba una década atrás.
“Nuestra transferencia va a ser desde lo productivo, es decir, cómo hacer para producir, no sólo en Córdoba, sino también en otras provincias argentinas de áreas semiáridas”, señaló Losinno y remarcó: “Nuestro país cuenta con las posibilidades agroecológicas suficientes y óptimas para la producción de leche de burra, en particular en áreas áridas o semiáridas y bajo el formato de pequeñas producciones sustentables, dado que la especie es de alta adaptabilidad y bajos requerimientos nutricionales”.

“En la Argentina, es muy sencillo conseguir estos animales, porque hay muchos núcleos de burros ferales. Y nosotros traeríamos genética china e italiana, básicamente. Embriones y semen congelados para utilizar moderadamente en programas diseñados y controlados genéticamente, de manera de no perder los caracteres de adaptabilidad desarrollados por los burros nativos por cientos de años. Haríamos la importación desde aquí, con los aportes económicos del Estado. Esto es algo que por sí solo los pequeños productores jamás podrían hacer. Entendemos que este es un rol que debe cumplir la Universidad”.

“Con esto, podríamos contribuir al desarrollo socioeconómico de áreas marginales y a generar un producto natural de origen rural, que podría ser una alternativa para los niños con alergia a las proteínas de la leche de vaca”, acotó.

Esta especie de équidos tiene la ventaja adaptativa de mantenerse en buenas condiciones en zonas áridas y semiáridas, donde la producción de pasturas y mantenimiento de animales domésticos de producción convencional es difícil.

A partir de un convenio marco entre la UNRC y la China Agricultural University, desde 2014, el Laboratorio de Producción Equina estudia los burros de manera sistemática y forma parte de un programa de trabajo conjunto de investigación internacional con las universidades de Pisa (Italia); Barcelona (España); El Cairo (Egipto) y Beijing (China), dirigido desde la UNRC.

“Lo central es producir un alimento para humanos. Un producto innovador y útil para la medicina humana. Es un proyecto muy amplio que va a involucrar a mucha gente. La UNRC se va a vincular con pequeños productores de la Argentina”, señaló Losinno.

Apuesta del capital chino

“Desde hace tiempo asisto a un congreso que se realiza cada cuatro años en distintos países y que reúne a unos 500 investigadores de todo el mundo. La designación de los países sedes de estos congresos se realiza por concursos internacionales. Y yo estoy en el Comité Organizador del próximo congreso, que se va a realizar en Iguazú, Misiones. Se llevará a cabo en forma conjunta entre la Argentina y Brasil. Esta es la primera vez que se hace en estos países”, comenta Losinno. Y sigue: “En estos congresos, conocí a investigadores de China, que en enero de 2015 visitaron nuestro Laboratorio en la Universidad. Ellos me invitaron a dictar unos cursos de doctorado en ese país y a colaborar en la organización del Primer Congreso Internacional de Burros. Después, el gobierno chino efectuó un concurso internacional para subsidiar investigaciones vinculadas con la producción de leche de burra”.

“Nos presentamos como un consorcio integrado por 42 investigadores de cinco universidades, que son las de Barcelona, El Cairo, Pisa, Beijing y Río Cuarto. Y nos otorgaron un subsidio de un millón de dólares. Como yo figuro como responsable, el dinero ingresa por vía de la UNRC y se reparte entre todas las universidades en forma proporcional, según lo que cada una aporta al trabajo. En este caso, a nosotros nos corresponde el 25%”.

“En China, a diferencia de lo que sucede en la Argentina, la rendición de los subsidios se realiza una vez por año en forma personal ante un comité para explicar en qué se gasta cada centavo y sobre lo que no se hizo explicar por qué”, comentó Losinno.

Acerca de quién es el dueño de los resultados, el docente dijo: “Se pacta entre quiénes lo producen y quiénes lo financian. Los derechos son compartidos. Además, voy a trabajar en un laboratorio y asistiré al tercer congreso sobre esta temática que se realiza en China; es en el Oeste, un área pobre, en el sector montañoso cerca de Kirguistán y Mongolia”.

Qué aportan los investigadores de este consorcio internacional

Los investigadores de este consorcio son todos de áreas diferentes. Según lo puntualiza Luis Losinno, desde la Universidad de Río Cuarto trabajan con semen sexado, con el empleo de nanotecnología. Los de Egipto tienen mucha experiencia en producción de leche de camélidos y poseen un laboratorio de biología molecular muy complejo. Los científicos chinos se especializan en ciencia animal –cerdos, bovinos y burros-. Los italianos de Pisa son los expertos número uno en el mundo en leche de burra, puesto que hace cien años que la producen. Y los españoles se especializan en espermatozoides.

“Parte de nuestro trabajo consiste en sexar el semen para producir solamente hembras. Esto se logra por la carga eléctrica de la membrana de los espermatozoides. Aquellos que tienen el cromosoma “Y” se adhieren a las nanopartículas y estas, a su vez, a un imán. Ya hemos tenido experiencias en vivo con esta técnica, pero en equinos. Ahora, en China, haremos las pruebas en vivo con burros. Vamos a inseminar y también a congelar esperma”, dijo el docente.

Y agregó: “Para las pruebas en China, vamos a llevar las nanopartículas desde aquí, aunque no se producen en la Argentina, sino que son importadas de Estados Unidos. Son muestras muy pequeñas, que se traen refrigeradas”.

Eficientizar la producción de leche de burra

Este proyecto apunta a eficientizar la producción de leche de burra. En la Argentina hay sólo un tambo, que se encuentra en Catamarca y que, a su vez, tiene una subsidiaria en Santa Fe. Poseen pocos animales, diez en el primero y cinco en el segundo. El de Catamarca produce leche para consumo humano, pasteurizada y congelada. Toda la producción se vende. Y el de Santa Fe usa la leche de burra para cosmética humana.

La UNRC tiene un convenio con esta empresa, llamada El Pichanal, un establecimiento de cría de ganado caprino y asnal; y elaboración de productos de leche de cabra y de burra. Es una finca láctea, cuyo dueño es un veterinario que tiene una empresa familiar de cosmética en Santa Fe. Y la primera transferencia tecnológica se va a hacer allí. Los universitarios van a ir a inseminar las burras y a comenzar el control lechero sistemático, además de realizar análisis de calidad y bromatológicos.

Entretanto, Losinno tramita ante la Agencia Nacional de Ciencia un subsidio del Gobierno, para un proyecto a largo plazo. Consiste en desarrollar un modelo de producción de leche de burra para consumo humano, particularmente para niños. “La idea es que haya leche disponible en todos los hospitales del país, como ocurre por ejemplo en Europa, Asia y Chile”, avanzó. Y acotó que el país trasandino “está más adelantado que nosotros. Hay tambos de 400 animales y los hospitales tienen disponible leche de burra”.

El gestor de esta idea puntualizó: “Para producir leche de burra en nuestro país, hay que empezar de cero. Después, está la otra etapa: qué hacemos con la leche. Hay que inscribirla en el Código Alimentario Argentino, hay que pasteurizarla, hacer leche en polvo; es decir, toda la parte industrial. Pero el proyecto no termina ahí, porque la idea también es exportarla. En este momento, hay treinta millones de consumidores de leche de burra en el mundo, pero hay doscientos millones de alérgicos a la leche de vaca”.

Es una oportunidad promisoria, puesto que cien gramos de leche de burra en polvo se venden a 35 dólares y un kilo de esta leche liofilizada vale hasta 430 euros. Losinno remarcó: “Este proyecto para la Argentina está en una etapa preliminar. Es muy complejo y todavía no sabemos cuál será su herramienta de financiación. Involucra a muchos actores de distintas disciplinas, porque hay que saber cómo producirlo, qué darles de comer, cómo ordeñar y cómo reproducir los animales, hasta qué hacemos con la leche: cómo se industrializa y se comercializa. Hay muy poca información al respecto”.

“La idea es apuntar a los pequeños productores, que es el modelo chino y el italiano. O sea, trabajar con unidades chicas de producción en las zonas de las sierras de Córdoba, en Catamarca, que son lugares óptimos para ese fin. Allí, hay miles de burros que se llaman salvajes, pero son ferales, y que habitan esas zonas desde hace cientos de años. No son de nadie y a veces la gente los mata porque compiten con las cabras y los considera una plaga”.

“Al burro no se le ha encontrado un rol productivo muy importante en el mundo, excepto en los países muy pobres. Un aspecto importante es que la producción del burro no compite con la agricultura, lo cual es un problema menos. Además, tiene bajísimas demandas de alimentación, son rústicos y están adaptados a las condiciones de los lugares que habitan”.

“El problema es que una burrita de aquí da un litro de leche por día, pero en Italia dan entre cuatro y cinco litros diarios. En consecuencia, hay que mejorar la genética y esa es una parte del proyecto que vamos a hacer desde la Universidad de Río Cuarto”, expresó Losinno.

Proyecto de transferencia tecnológica

Es un proyecto de desarrollo rural estratégico, para que la gente se quede en su lugar de vida. Es en las sierras, donde no se siembra otra cosa. Es una vía de sustentabilidad económica, que promete ser muy rentable.

Losinno señaló que con el dinero del Gobierno nacional prevén agrandar su laboratorio, en el que trabajan treinta personas. “La idea es ampliar el triple el espacio que tenemos en la actualidad en la Universidad. Estimamos que eso nos va costar unos 300 mil dólares. Queremos tener un laboratorio de buen nivel para que la gente venga y se capacite aquí”.
“La idea es que este gran proyecto tenga eje en nuestra Universidad, con la participación de profesionales del INTA, el INTI, el Conicet, las universidades de Córdoba, de Buenos Aires, de La Plata y de Villa María, entre otras, y las secretarías de producción de los gobiernos provinciales, incluyendo Córdoba, Catamarca y, posiblemente, Formosa”, adelantó.

“No vamos a producir leche, sino a transferir tecnología, conocimiento, entrenamiento, procedimientos, con vistas a un nuevo modelo productivo, que no va a competir con ninguno de los que hay hasta ahora en el país”, enfatizó el investigador. Y acotó: “Pensamos trabajar con los colegios agrotécnicos, que ya tienen un sistema armado; casi todos producen leche y tienen alumnos, a los que queremos interesar en este nuevo modelo de producción. La finalidad es que, después, el productor concurra a los colegios para ver cómo se hace”.

“Es una iniciativa rentable. Una persona puede ordeñar una burra, que, si bien produce un litro y medio de leche por día, vale veinte veces más que un litro de leche de vaca. Un campesino puede vivir solamente de este tipo de producciones. En Chile, en Italia y en China lo hacen”, dijo el investigador.

Losinno comentó: “Se está desarrollando este modelo económico en todas las zonas marginales, rurales, minifundistas de todos los países que conozco como productores ancestrales de burros, básicamente la cuenca del Mediterráneo: Portugal, España, Túnez, Marruecos, Croacia, Montenegro, Turquía, Grecia. En Chile tienen un modelo interesante para este tipo de producciones. El gobierno contrata consultores internacionales y los reúnen con los productores, de manera que estos últimos no cometan errores por no saber cómo hacer las cosas. De hecho, próximamente me reuniré como consultor contratado por un programa del Estado con un grupo de productores chilenos. Para el caso de la Argentina, mi idea es traer consultores de Italia, si consigo los subsidios necesarios. En el mundo se trabaja de esta manera, porque se subsanan errores y se ahorra mucho tiempo y dinero”.

Formación de recursos humanos

Mucho del dinero de los chinos es para la formación de recursos humanos. No se puede hacer infraestructura, ni comprar equipamiento. Con ello, se promoverá la movilidad; una de las ayudantes de investigación se va a ir a China por tres meses. Y ya han venido estudiantes chinos al laboratorio de la UNRC. Gente de aquí va a ir a laboratorios de Italia y España. Y de allá van a venir al campus local.

Losinno destacó: “No regalan nada. Ellos ponen dinero, porque son los principales interesados. Es un subsidio que a nosotros nos viene bien. De todo el consorcio, al que mejor le viene el dinero es a este grupo de la UNRC. De todos los participantes, este es el laboratorio más pequeño. Los otros son más grandes y un subsidio como éste no les cambia mucho. El dinero que le corresponde a la Argentina es de unos 260 mil dólares que, si bien no es mucho a nivel internacional, lo es en comparación con un subsidio estándar de los que se pueden conseguir acá”.

De los 42 investigadores, cinco son de la UNRC, a quienes se suman una decena de las universidades nacionales de La Pampa, Buenos Aires, Córdoba y La Plata. En estos cuatro años publicaron resultados en revistas internacionales y editaron el libro cuyo título traducido al español es “Progreso en la ciencia de los burros” (Progress in donkey science). Tiene contenidos sobre alimentación, genética, producción de leche, entre otros. Son 300 páginas que sintetizan el conocimiento actual sobre los burros.


Deolinda Abate Daga


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